EL ESCARAMUJO 42: LA GUERRA DE BAJA INTENSIDAD CONTRA LAS COMUNIDADES EN RESISTENCIA CONTRA LA REPRESA EL ZAPOTILLO (Tercer Parte)

EL ESCARAMUJO año 7 Número 42

LA GUERRA DE BAJA INTENSIDAD CONTRA LAS COMUNIDADES EN RESISTENCIA CONTRA LA REPRESA EL ZAPOTILLO (Tercer Parte)

 

Marco Von Borstel
Otros Mundos AC/Amigos de la Tierra México
23 de Septiembre de 2013, San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México.

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3- VIOLENCIA Y MIEDO COMO TÁCTICAS

3.1. Violencia cultural
En un sentido abstracto podemos hablar del término violencia, como la energía puesta para someter, agredir o imponer para conseguir alguna cosa o cambio de actitud a una persona o un grupo de personas o como cualquier acto que intencionado o no, afecta el bienestar de otro ser vivo. Existen muchos tipos de violencia sistémica o estructural y han sido estudiadas desde diversos ángulos, pero aquí hacemos solo algunas reflexiones acerca de algunos tipos de violencia vinculados a las tácticas GBI y al miedo, como factor fundamental utilizado en muchas de las OPSIC.
El concepto de violencia cultural lo describe el académico de la Universidad Iberoamericana de León, el Maestro Gustavo Lozano en su artículo: “El impacto de la criminalización de la protesta en la participación ciudadana”:
La criminalización de la protesta social no comienza ni termina en la inmediatez del acto represivo o, si se prefiere, la violencia directa perpetrada contra los ciudadanos activistas se inscribe en el contexto de un tipo de violencia más generalizada. En efecto, las agresiones traen causa de una forma de violencia no directa y más sutil: la violencia cultural, a través de la cual se pretende modificar la valoración moral de un acto o episodio violento y hacerlo transitar de lo negativo a lo positivo, o por lo menos a lo aceptable. (Gustavo Lozano, 2010)
Es decir, la violencia cultural implica que a la imagen de la sociedad, hoy en día, el uso de la fuerza en contra de los movimientos sociales e incluso defensores de derechos humanos y el medio ambiente, sea visto como justificado y tenga la aprobación de la opinión pública. Presentar a los activistas como delincuentes y criminales, ante los ojos consumidores de noticias, vía los medios masivos, permite al estado actuar en contra de ellos impunemente e inhibe la participación de la población en general, en procesos de participación ciudadana, reivindicación de derechos y movimientos sociales. También tiene un efecto negativo en la generación de conciencia crítica de la población, pues genera prejuicios inconcientes en la población hacia ideas o conceptos que estén relacionados a elementos de transformación o lucha social. En el mismo artículo nos argumenta:
Mediante el mecanismo psicológico de la internalización, la violencia cultural, en general y la criminalización de la protesta social, en particular funcionan, en primer lugar, como un estupefaciente que provoca una especie de indolencia social que impide la formación de la conciencia y, en segundo lugar, como un instrumento disuasorio que tiende a desmovilizar a la sociedad. Ambas, conciencia y movilización, son condiciones necesarias para la lucha política y la transformación social.
La violencia cultural utilizada y enfocada en blancos particulares, muchas veces busca los efectos mencionados anteriormente, pero también en sí misma, la violencia física concreta, sin utilizarse, pero como amenaza, es un arma usada permanentemente por el estado, con el fin de generar daños psicosociales a sus objetivos, división y desánimo en los grupos opositores. El hecho de que existan amenazas constantes, que hagan a los sujetos percibir que está en riesgo su vida, su casa, sus seres queridos y sus causas, los obliga a estar en estado de alerta y desgastarlos a través de la inducción del miedo y el desaliento.
(...)

4- LA HISTORIA DE LA GBI Y SU TRANSFORMACIÓN

4.1. Orígenes históricos GBI
Como mencionamos anteriormente, la historia del uso de la violencia, la tortura, la guerra psicológica y de otras formas de control social no es nueva. En la época de la Edad Media se infundía el terror religioso y durante la inquisición se ejecutaron cualquier cantidad de aberrantes torturas contra seres humanos; en la historia de las colonización de los europeos de Asia, África y América, estuvieron llenas de guerras peleadas en desigualdad de circunstancias materiales y técnicas, pero aún más notorio, con valores diferenciados en cuanto al honor y la forma de encarar los conflictos.

Casos como la entrega de cobijas infestadas de viruela para los indígenas en la conquista del nuevo oeste o que los españoles, en la masacre de Cholula, le dieran la espalda a los guerreros azteca y los aniquilaran con “trampa”, porque ellos, los guerreros águila y jaguar, no podían, por honor, matar a alguien que no estuviera combatiendo frente a frente, nos muestran, que la concepción de la guerra en el mundo occidental desde hace muchos siglos, ha ido perdiendo la ética y sus principios de honorabilidad que pudiera haber tenido el ejercicio de la violencia, por parte de los estados o sociedades organizadas, en su origen.
(...)
La doctrina Monroe que data de 1823, tiene como base el concepto “América para los americanos”, y ha sido el eje, desde su adopción, de todas las relaciones, políticas y acciones de los EEUU con América Latina y se sustentaba por a lucha de poder que existía en esos tiempos, entre el viejo y el nuevo mundo, entre la Europa arcaica, revuelta y colonialista de la época, en contra del imperio liberal e industrial creciente de los EEUU.

Los tres grandes principios de dicha doctrina son:
1- “No más colonización europea en el nuevo mundo”
2- “Abstención por parte de los Estados Unidos, de inmiscuirse en los asuntos políticos europeos”
3- “Oposición de Estados Unidos a toda intervención europea en los gobiernos del hemisferio occidental”
(...)

4.2. El documento Santa Fé y el periodo Reagan
Con la llegada de Ronald Reagan a la presidencia de los EEUU en enero de 1981, y buscando atender su compromiso de campaña de que durante su mandato “El comunismo no conquistará un centímetro más de tierra”, se da otro viraje completo a la política exterior y a la relación con América Latina. En primer lugar había claridad en buscar revertir los efectos del llamado “síndrome Vietnam”, que dejó serias secuelas en la sociedad norteamericana y su capacidad de utilizar su poder para libremente ejercer su dominio sobre su propia sociedad y el mundo, y en segundo, había una necesidad imperiosa de recuperar la confianza de los ciudadanos en el sistema del estado y sus instituciones, por el reciente escándalo de Watergate. A su vez, se tenía clara la meta de desarrollar una política agresiva llamada “roll back”, que significaba revertir las políticas erróneas de su antecesor y recuperar territorios, hegemonía, progreso económico y poder político.
Una forma que se utilizó para reactivar la economía fue reiniciar la carrera armamentista y comenzar a planear conflictos donde pudieran utilizarse y venderse.
(...)

4.3. La caída del muro y los nuevos enemigos del sistema
La caída del muro de Berlín y la desaparición del enemigo formal de todo el discurso norteamericano, podría presuponer un debilitamiento en la aplicación de esta doctrina,28 pero no fue así, como elocuentemente lo presenta Eduardo Galeano en el capítulo “Clases de corte y confección, como elaborar enemigos a la medida” de su libro Patas Arriba, Escuela del Mundo al Revés, pues el extremismo musulmán y el narcotráfico estaban ahí ya siendo etiquetados como nuevos blancos para dar pretexto a los intereses intervencionistas.29 La confección de nuevos enemigos realizada por los EEUU, pareciera una labor maquiavélica y que en la actualidad podría sonar a una exageración, pero son evidentes ante las múltiples filtraciones de Wikileaks y con el contexto en el que se vive concretamente en México y la Guerra contra el narco declarada por el Presidente Felipe Calderón, que ha implicado índices de violencia sin precedentes en el país y más de 60,000 muertos oficiales, durante los últimos 5 años. Pero si tomamos en cuenta que el análisis que hace Galeano lo realiza en 1998, a 13 años de distancia adquiere una dimensión especial, justamente por la historia reciente y como se ha ido escribiendo.

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