La Caravana por la Paz, la Vida y la Justicia, en la ruta de la violencia y la resistencia

Laura Carlsen, Desinformémonos

Al principio, sonaba alocado. Una caravana internacional que viaja por cinco países en 23 días para explorar los cruces entre la prohibición, la violencia y la resistencia. ¿Por qué y cómo respondería la gente en las ciudades y las comunidades que visitara?

La política de drogas no es un tema que esté en la agenda de todos los movimientos y sociedades de la región México-América Central. Las encuestas muestran un rechazo popular a la legalización de la mariguana y otras drogas y, a pesar del creciente consenso de que la guerra contra el narcotráfico ha sido un tremendo fracaso, se habla poco de las alternativas. En la sociedad, el tema es prácticamente tabú, excepto en algunos lugares y entre grupos especializados.

Es precisamente esta situación lo que la Caravana busca cambiar. La ruta refleja el compromiso de levantar las voces de las víctimas y de los héroes de la guerra contra las drogas, y resulta que son los mismos. Desde su dolor, las víctimas se están convirtiendo de manera organizada en las personas que luchan por la paz y la justicia, y por una salida a la guerra.

La Caravana por la Paz, la Vida y la Justicia inició el 28 de marzo en Tegucigalpa, frente a la prensa nacional y las organizaciones sociales y de derechos humanos de un Honduras afligido por la violencia. Se anunció el objetivo de abrir el diálogo sobre las políticas de drogas y se trazó el itinerario desde Honduras a Nueva york, con la intención de llegar hasta las puertas de las Naciones Unidas, que realiza una Sesión Especial sobre las Drogas a partir del 19 de abril. Los representantes hondureños, no muy acostumbrados al tema de las drogas, contaron la situación de estar en medio de la violencia y los abusos de los grupos criminales, por un lado, y las fuerzas militares, paramilitares y policiacas por otro, en un contexto de ausencia de estado de derecho.

El camino siguió hasta La Ceiba, en la costa caribeña, para reunirse con la Organización Fraternal Negra Hondureña (OFRANEH) del pueblo indígena garífuna. Miriam Miranda, dirigente de la organización, dijo a la caravana en el acto de recibimiento: “No queremos seguir aceptando que en nombre del combate al narcotráfico asesinan a nuestros hijos e hijas, desplazan a nuestras comunidades, militarizan nuestros territorios. No podemos aceptar que se invierta mucho más en la supuesta seguridad de los estados y no invierten en la salud pública, en la educación. Hay desabasto en los centros de salud, no hay pastillas, no hay nada, y en cambio, hay muchas armas, hay mucho dinero para supuestamente combatir el narcotráfico.”

OFRANEH denunció el asesinato de dos jóvenes garífunas el 28 de diciembre por la Fuerza Naval hondureña. Llegaron a la reunión también familiares de las víctimas de la masacre de Ahuas, donde un helicóptero del Departamento de Estado de EEUU con elementos de la DEA y policías hondureños dispararon contra habitantes del lugar, matando a cuatro.

Al día siguiente, subieron a la caravana cinco garífunas con dos tambores tradicionales para seguir el camino hasta Nueva York.

En su trayectoria, la caravana ha juntado un grupo de unas 35 personas de 7 países —familiares de víctimas, representantes de luchas sociales, expertos— y sigue creciendo. La diversidad en todos los sentidos hace de la convivencia un descubrir constante.

Volviendo a cruzar el país hacia el occidente, se hizo una parada obligatoria en Utopía, el centro del Consejo Cívico de pueblos Indígenas de Honduras, COPINH. Hace un mes, fue asesinada Berta Cáceres, su coordinadora. Su lucha por los territorios del pueblo lenca llevó a que el gobierno hondureño la metiera a la cárcel, las empresas la amenazaron y finalmente unos sicarios la mataron.

Reunidos en un círculo alrededor del altar a Berta, con el humo del incienso suspendido en el aire, el COPINH reafirmó su compromiso con la caravana que Berta ayudó a organizar. La caravana salió de las montañas hondureñas con dos integrantes del COPINH abordo, y una más en espíritu.

De Honduras, la entrada a El Salvador representó un fuerte cambio de contexto. El gobierno salvadoreño ha instrumentado una política represiva hacia las pandillas. La caravana fue recibida por iglesias congregadas en Comunidades de Fe Organizadas por la Acción. En el marco de la caravana y frente a la violencia en el país, abonada por las condiciones de pobreza y marginalidad, declararon:

“El solo abordaje de tipo represivo ha convertido nuestras comunidades en territorios extremadamente violentos… A pesar de los distintos esfuerzos y millones de dólares invertidos por los países más poderosos para ayudar a combatir este flagelo en la región, lejos de disminuirse, el problema se está incrementado día a día.” El grupo abogó por una estrategia enfocada en la prevención, reinserción y rehabilitación.

Aún faltan los encuentros con los movimientos estudiantil, indígena, campesino y de mujeres en Guatemala; los actos de dolor y esperanza con los familiares de desaparecidos y desaparecidas en México; el cruce de fronteras que reducen seres humanos a objetos de contrabando sin derechos; y la llegada a la ONU. Nadie espera que el fin de la guerra contra las drogas que desangra la región vaya a ocurrir desde arriba, en los solemnes auditorios de los delegados oficiales que viven de la estrategia actual.

Al contrario, está ocurriendo desde abajo, con el caminar juntos de miles de personas organizadas que rechazan la política de guerra y piden paz, vida y justicia.

Info: http://pazvidajusticia.org/