El legado de Bety Cariño

Por Heriberto Paredes, Agencia Subversiones

Aquí no más vergüenza por la piel,
por la lengua, por el vestido, por la danza,
por el canto, por el tamaño, por la historia.
Aquí el orgullo de sernos
morenitas, chaparritas, llenitas,
ñuu savis bonitas,
ñuu savos valientes,
con la frente digna
aquí no el silencio
aquí el grito
aquí la digna rabia
Bety Cariño

La sonrisa de Rebeca es la misma que la de su hermana. Es una de sus herencias. Carmen guardó la palabra combativa que convoca y que nos llevó a su comunidad, Chila de las Flores, en la mixteca poblana. El rostro de Bety Cariño se multiplicó en muros, camisetas, fotografías que reposan en las paredes y altares familiares, pero lo más importante es que su legado dejó muchas enseñanzas en las personas que conoció y que no conoció, es decir, su ejemplo de lucha no pudo ser derrotado. Todo lo contrario.

En medio de un terreno lleno de árboles se asoman varias mesas en las que se sientan a comer mujeres y hombres invitados al homenaje que la familia Cariño Trujillo le preparó a su hija mayor, Bety, asesinada 6 años atrás, el 27 de abril de 2010. A pesar del dolor que significa la pérdida de una hija, una hermana, una madre ejemplar como lo fue ella, la familia se ha mantenido firme y con el paso de los años encontró en estos homenajes un mecanismo de sanación, una suerte de reconciliación con la vida y con la muerte. En el rostro de quienes estamos sentados disfrutando el delicioso mole, el arroz, las aguas de frutas, las tortillas recién calentadas y algunas tlayudas, también se dibuja un semblante de tranquilidad. No asistimos a un evento triste, fuimos invitadas e invitados a un ejercicio de memoria en donde recordaremos las luchas y las enseñanzas que con su vida nos dejó nuestra compañera Bety.

Alrededor de las 6 de la tarde, amistades cercanas a Bety, familiares, asistentes a este homenaje, poco a poco van colocando una ofrenda. Una ofrenda no de muerte sino de vida, llena de maíz azul y blanco, jarrones de agua, gladiolas de color rojo y blanco, espigas de maíz, como suelo un petate de palma y al centro el retrato sonriente de ella. Una vela se enciende el centro, luego un círculo de personas alrededor de la ofrenda se vuelve el detonante para que se den muchos mensajes. Carmen, su hermana menor comienza:

«Qué bueno que están aquí, agradeciendo todo el esfuerzo que significa venir el día de hoy hasta la mixteca, aquí a Chila de las Flores, y pues les damos una cordial bienvenida, a todas y todos ustedes que hoy nos acompañan. Pero que no sólo hoy nos han acompañado, que nos han acompañado desde hace 6 años, son 6 años que se cumplieron el 27 de abril, día en que asesinaron a Bety en esa caravana a San Juan Copala y que asesinaron también a Jyri Jaakola, el compañero finlandés e hirieron a compañeros de medios libres, a defensores y defensoras de derechos humanos y que por eso para nosotros es muy importante que nos reunamos en este día».

«También los recibo y estoy muy agradecido de ustedes por venir acá a visitar a mi hija y a nosotros, y solamente le pido al creador que regresen con bien a su tierra y muchas gracias, porque yo tengo muy pocas palabras pero de todo corazón estoy agradecido de ustedes» nos dice amablemente don Miguel Cariño.

«El destino es así, ella era muy inquieta, le gustaba convivir con la gente humilde, defendía sus derechos, es por eso que ella casi el magisterio lo dejó y se dedicó a defender la vida de los de abajo, porque los de arriba son, ratas, pero nosotros somos los del nivel bajo» nos comenta su única tía.

«Hoy le di preferencia a estar con la familia, a estar con ustedes y compartir, pues a decirles que no están solos, así como ustedes nos han dicho que no estamos solos, de la misma forma, estar unidos en la lucha contra este gobierno que trata de una u otra forma de acabar con nosotros y con todos nuestros hermanos y esto no es algo yo descubro ahora sino a raíz de un dolor que me dejó este gobierno, viendo que no solamente a nosotros nos ha hecho el mal, a muchos más se los sigue haciendo, y yo dije, si a mi hijo, por sus compañeros lo mataron, es no va a quedar así, vamos para adelante con todo, lo que tenga que pasar que pase», afirma doña Berta, madre de Julio César Ramírez Nava, uno de los tres normalistas asesinados la noche del 26 de septiembre de 2014.

«Nos duele la pérdida de la compañera, a lo mejor no la conocimos, pero con la información que hemos tenido sabemos que era una luchadora, porque quería a su tierra, quería a su gente, quería a su pueblo, esa gente es la que más se recuerda y pues venimos a darles un abrazo y a estar con ustedes» comparte una compañera a nombre de San Francisco Xochicuautla.

«Estoy recordando a Bety, bueno acostumbro a hacer diario una ofrenda a la Madre Tierra, en esa ofrenda diario se recuerda a Bety y también a mi compañero Pancho, asesinado hace 26 años, los dos son muy presentes y me acompañan, son personas que nos dan fuerza en esa vida de lucha por un mundo mejor» expresa Verónica, una de las mejores amigas de Bety, parte del Centro de Derechos Humanos «Bety Cariño» en la sierre de Santa Marta en Veracruz.

«Las madres de FUNDEN-NL les mandan un cálido brazo y fuerza, somos madres de desaparecidos, igual resistimos, el gobierno es lo que quiere, que perdamos la memoria. No podemos» sentencia una madre integrante de Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos Nuevo León.

«Soy sobreviviente de la masacre de Acteal y entiendo muy bien y comparto su dolor, sé muy bien por lo que están pasando. Estuve en la masacre y perdí 9 de mis familiares, incluyendo a mis papás, y quedé siendo una niña de 10 años a la deriva. Estamos con ustedes, espero esta no sea la última vez que estamos por aquí» declaró una compañera a nombre de las y los sobrevivientes de Acteal.

«Quiero agradecer a la familia Cariño Trujillo, entendemos que la lucha es muy compleja, la lucha indígena más y nos están atacando por todas partes. De verdad que no sabemos cómo agradecer o cómo expresar el agradecimiento, ya que habemos algunos desplazados y sin conocernos, la compañera arriesgó su vida y trató de rescatar a la comunidad» dice Marcos Albino, uno de los voceros del pueblo triqui desplazado por paramilitares.

Muchas personas presentes en este homenaje no conocieron a Bety Cariño, pero cada intervención les recuerda a una luchadora que les habría gustado mucho conocer y que ahora significa la comprobación de que se tiene que seguir luchando y de que sí es posible construir proyectos de vida.

La imagen de don Miguel, su padre, sosteniendo un retrato sonriente de Bety, encabeza una caminata hacia el panteón en donde están sembradas las cenizas de nuestra amiga. La música corona esta escena, una banda mixteca toca y todo retumba en las pequeñas calles de la comunidad, mientras tanto, el sol cae lentamente y el contingente llega a la entrada principal del panteón, dos mujeres triquis que sostienen una lona con las fotos impresas de Bety Cariño y Jyri Jaakola, entran primero y señalan el breve camino –que hay que atravesar caminando entre tumbas– hacia el modesto memorial.

Se nota que algunas flores fueron colocadas días atrás, pero ahora cada una de las personas que camina en su homenaje trae consigo o una espiga de maíz –del terreno trabajado por don Miguel– o bien las gladiolas rojas y blancas. Cae la noche contundente, se ilumina el espacio con velas y antorchas, vuelven a dedicar palabras para Bety mientras se colocan las flores debajo del nicho en donde reposan las cenizas. A cada intervención le siguen las fanfarrias tocadas por la banda.

Al terminar este homenaje, uno menos serio le sigue en la entrada del panteón: la gente se arremolina para bailar al ritmo de chilenas y sones mixtecos, empezando por su padre, muchas personas cargan el retrato de Bety y bailan con él, Rebeca, su hermana de en medio, pasa con una jícara repartiendo un traguito de mezcal. La banda no para y lo que en algún momento se sintió como vacío ahora se vuelve alegría y fiesta. Poco a poco las personas se encaminan nuevamente a la casa de la familia, porque doña Ema Trujillo, su mamá, preparó el mejor pozole de la región mixteca. Ni siquiera pensar en dejar que se enfríe el manjar.

Lo fundamental de esta cena es que las personas que no se conocían ahora están conversando y tejiendo redes, ideas, luchas, las palabras llenan la sobre mesa y el café hace compañía, a pesar del calor que está haciendo. Por fin la banda de música se sienta a cenar también. De esta cena es posible que surjan nuevas iniciativas, nuevos proyectos, nuevas misiones. Del intento por imponernos el dolor y el olvido, nace lo que a Bety le habría encantado: nuevos ánimos para seguir luchando.



    «Hoy es el primer día de mi vida que escribo sobre este hecho tan doloroso que entre otras miles de rabias que he visto y vivido me han llevado a ser parte de esta digna, pero muy digna, rabia, que atraviesa mi pecho, que me amarra al mezquite de mi origen y me hace levantarme todos los días como cactus altivo, frondoso, profundo, espinoso, jugoso pues, pa’indignar a otros y a otras, pa’hacernos sujetos, pues, de nuestra propia historia». Bety Cariño, El lugar de la rabia y el deseo en el sujeto de la digna rabia.

Aún quedan espinas

Durante la comida algunas mujeres triquis compartieron informalmente la situación tan compleja que viven ahora, justamente 6 años después de haber sido desplazadas por el grupo paramilitar UBISORT. Esta agrupación, compuesta también por habitantes de la región triqui está ligada al Partido de la Revolución Institucional (PRI) durante los últimos años del gobierno de Ulises Ruíz y hasta ahora, ya que no ha perdido sus beneficios y no ha sido desestructurada o perseguida, a pesar del reconocimiento que el gobierno federal le ha dado como un grupo paramilitar.

«Nuestros hijos han crecido fuera de la comunidad y esto ha hecho que poco a poco pierdan su cultura, su lengua, nos ha costado mucho mantenerla, porque en Copala, se habla el triqui como en un 70% y afuera pues sólo les enseñan el castellano. Además, ha sido muy difícil conseguir trabajo y tener algo de recursos para ir viviendo, tenemos además el dolor de que algunos perdimos a familiares, o simplemente tuvimos que dejar nuestras casas sin poder sacar algo, papeles, ropa, lo necesario, simplemente nos obligaron a irnos para poder sobrevivir. Ahora no sabemos qué va a pasar» platica en voz muy baja una mujer triqui que no debe superar los 35 años de edad y que es madre de 3 niñas y un niño. En su rostro es perceptible el dolor enterrado, algo que no se calma por completo, algo que se revive constantemente. Su padre, sentado a nuestro lado, nos mira pero no pronuncia palabra alguna, sólo asiente cuando lo requiere su hija, aunque en sus ojos se adivina la rabia del agraviado.

La situación la región triqui no ha mejorado, pese a los montajes que defiende el gobierno de Gabino Cué, los cuales intentan mostrar que ya todo está tranquilo en la zona y que no hay nada que impida el regreso de las familias desplazadas. Para las y los triquis que sostienen el plantón afuera del palacio de gobierno en la ciudad de Oaxaca, así como para las familias que han tenido que reiniciar su vida en otras localidades, está muy claro que existe un pacto político de protección al grupo paramilitar y que de este modo se debe asegurar un falsa paz. Según varios testimonios, «cada que un medio de comunicación o alguna autoridad va a San Juan Copala, UBISORT trae gente de otros pueblos, acarrea niñas y niños para que en la escuela se simulen clases, miente para que cuando la gente de afuera venga se encuentre con que todo está bien, pero cuando terminan su visita, Copala vuelve a ser un pueblo fantasma, con casas abandonadas quemadas, con la presencia de gente armada en las calles que controla todo. Si nosotros nos paramos cerca de ahí nos van a matar, desde el paraje de La Sabana, ahí donde mataron a Bety y donde pararon a la segunda caravana humanitaria, están esas personas vigilando. El gobierno miente cuando dice que ahí todo está tranquilo».

De igual forma, el esposo de Bety Cariño, Omar Esparza, sustenta su hipótesis sobre la impunidad en el caso del asesinato de la luchadora social a partir de la existencia de un pacto político. El pasado 4 de mayo, en una comparecencia ante Michel Forst, Relator Especial de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Esparza expuso que «en este caso el gobierno federal y el gobierno de Oaxaca conocen a los asesinos, hay 9 órdenes de aprehensión en este caso y 4 han sido detenidos en estos 6 años. Este grupo paramilitar está protegido por el gobierno mexicano y por el gobierno en Oaxaca. No se ha podido detener a los demás porque hay un acuerdo de protección de parte del gobierno». Así lo reafirmó recientemente el abogado David Peña, quien ante la detención de Mauro Vásquez Ramírez, el 22 de abril de 2016, cuarto implicado en el asesinato de Bety, sostuvo que «han sido las familias [tanto la Cariño Trujillo como la de Jyri Jaakola] y la presión que han hecho las que han logrado resultados. Es claro que de parte del gobierno estatal no hay voluntad, conoce a los responsables de los asesinatos y no hace nada para detenerlos».

Omar Esparza, quien en esta comparecencia con el Relator Especial lucía triste, desesperado, afirmó que: «El gobierno federal ha mencionado que dará para esta región, 1,400 millones de pesos, lo que nosotros vemos es que prefiere una paz en una región en conflicto y permanece la impunidad en el caso de Bety y de Jyri. En estos días el gobierno federal y el gobierno de Oaxaca han manifestado que no van a entrar a detener a los responsables del asesinato. Han pasado 6 años, hemos estado en el Parlamento Europeo, con la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo, ha sido un caso en el cual se han pronunciado internacionalmente diferentes instituciones y hasta el día de hoy no ha pasado nada».

Michel Forst escuchó con mirada atenta la denuncia de Omar sobre el asesinato de su compañera y del activista internacionalista Jyri, escuchó, además, las palabras de que denunciaban la situación en México: «Las instituciones procuran mantener un acuerdo político que detener a los responsables de los asesinatos de muchos de los defensores de derechos humanos en este país. Nosotros nos hemos cansado ya, reuniones y reuniones con todas las instancias de gobierno de procuración de justicia, no creemos más». El representante de la ONU apuntó algunas cosas, y pasó al siguiente caso. No pronunció palabra alguna.

Queda mucho por hacer

Quienes fueron parte del Centro de Apoyo Comunitario Trabajando Unidos (CACTUS) y de la experiencia de lucha que estructuró Bety Cariño afirman que todos los días había actividad en el local con el que contaba el proyecto. Cuentan con alegría cómo llegaban muchos jóvenes de toda la mixteca a buscar alternativas, apoyo, ser escuchados. Igual un día se planificaban talleres de género para abordar seriamente la grave situación de machismo que asola no sólo la región mixteca sino todo el país; se pedía asesoría para reparar transmisores y volver a echar a andar las radios comunitarias; se denunciaban agresiones, conflictos. Se atendían los problemas. Se planificaban proyectos para fortalecer las iniciativas de autonomía de algunas comunidades, ejemplo de ello fue la radio «La voz que rompe el silencio», iniciativa que intentaba atender las necesidades de información en lengua triqui y al mismo tiempo dotar de un espacio propio de comunicación y que con el trabajo de Teresa Bautista y Felícitas Sánchez fue posible.

Para quien compartió estas y otras experiencias organizativas y de lucha con Bety Cariño resulta claro que es necesario continuar con su ejemplo, es imprescindible luchar por la memoria y por la construcción de nuevas alternativas para enfrentar la tormenta de despojo y muerte en que se vive en este país desde hace mucho tiempo. Por que si no se hace nada, si el ejemplo de Bety se convierte en mera imagen o consigna, será peor: quienes sustentan proyectos de muerte habrán ganado.

En el segundo día del homenaje, se realiza una misa en donde la canción final se trata de una pieza escrita por la propia Bety. Es este el homenaje que una de sus maestras de la escuela le rinde a la que alguna vez fue su alumna, una de las más queridas. Luego vino un foro abierto para que las organizaciones, colectivos, amistades y familiares pudieran compartir algunas palabras finales, música, poesía, testimonios. Por ejemplo, el disco llamado «Cantando sueños, cosechando esperanzas», compuesto por 6 piezas musicales es un trabajo impecable en donde se han retomado fragmentos de los poemas y escritos de Bety para ser musicalizados con distintos ritmos. Su palabra vuelta música.

Como siempre, la comida se vuelve un ritual necesario. El último acto del homenaje es nuevamente las mesas entrelazadas con los árboles, al fondo doña Ema, auxiliada de sobrinas y amistades, sirve las tortitas de camarón con queso bañadas en una deliciosa salsa. Arroz, frijoles, tortillas y agua de tamarindo acompañan el manjar. La sensación final tiene que ver con la consolidación de estas nuevas redes, de estos nuevos lazos y vínculos que darán –si se procuran y se cuidan– frutos tan fuertes como las pitahayas rojas, que crecen hasta en la sequía más agresiva. La vida que renace a pesar de todas las adversidades, así como ere y es Bety Cariño.