La agroecología como alternativa a los plaguicidas altamente peligrosos

Artículo de Fernando Bejarano González* en La Jornada del Campo del 17 de diciembre 2016 (Leer el número completo aquí)

Apoyar la investigación y el desarrollo de alternativas agroecológicas para el control de insectos, de plantas no deseadas –mal llamadas malezas– y de enfermedades en la agricultura para eliminar el uso de plaguicidas químicos, especialmente de los plaguicidas altamente peligrosos, es una demanda de organizaciones campesinas, de trabajadores agrícolas, no gubernamentales de defensa de la salud ambiental y de los consumidores a escala mundial.

Expertos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS) han establecido los criterios técnicos para identificar a los plaguicidas altamente peligrosos. En términos generales este término se refiere a los plaguicidas que pueden causar la muerte o efectos a la salud a corto plazo por su alta toxicidad aguda, o también provocar efectos crónicos irreversibles a largo plazo (cáncer, malformaciones, daños reproductivos). O, también, que están incluidos en convenios ambientales internacionales (Protocolo de Montreal, de Estocolmo o de Rotterdam) o que pueden causar un daño a la salud y el ambiente por las condiciones en las que se usan. A estos criterios, la Red Internacional de Plaguicidas o PAN Internacional –por sus siglas en inglés– propone que se añadan otros, como son el potencial para causar la muerte de las abejas, o que alteren la acción normal de las hormonas, entre otros.

PAN internacional ha elaborado una lista de 296 ingredientes activos de plaguicidas altamente peligrosos que cuentan con una o más de dichas propiedades, según clasificaciones de organismos nacionales o internacionales reconocidos (ver la lista en www.rapam.org). De esa lista, 183 plaguicidas altamente peligrosos están autorizados en México por la Comisión Federal de Protección de Riesgos Sanitarios (Cofepris), e incluidos en el Catálogo de Plaguicidas de 2016 de la Cofepris, en más de dos mil formulaciones distintas, tanto para uso agrícola, como para uso industrial, doméstico e incluso algunos para el control de mosquitos vectores transmisores de enfermedades. De igual manera, dentro de los  plaguicidas altamente peligrosos están autorizados 44 ingredientes activos de plaguicidas que son probables causantes de cáncer en seres humano, según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, y 83 de ellos tienen una toxicidad alta para las abejas que puede provocar su muerte. Estos son datos preliminares de un informe sobre la situación de los plaguicidas altamente peligrosos en México que desde la Red de Acción en Plaguicidas y su Alternativas en México, AC (RAPAM) daremos a conocer próximamente en colaboración con investigadores de diversas universidades del país.

Como ha señalado Baskut Tuncak, actual Relator Especial de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas sobre Sustancias Químicas y Residuos Peligrosos, el uso de plaguicidas químicos puede vulnerar el derecho a la vida, a la salud, a una alimentación sana y adecuada y a un medio ambiente sustentable, además de afectar de manera particular los derechos de la niñez (ver los informes de Baskut Tuncak en http://www.srtoxics.org).

Es en este contexto que la discusión sobre las alternativas agroecológicas al uso de los plaguicidas químicos y en particular de los plaguicidas altamente peligrosos se hace necesaria e indispensable para alcanzar el mayor nivel de protección a los derechos humanos vulnerados por el uso de estos agrotóxicos. Hay que recordar que esto adquiere un significado especial en México debido a la reforma del artículo primero de la Constitución Política, que indica que “todas las autoridades en el ámbito de sus competencias tienen la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de conformidad con los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad” (Diario Oficial de la Federación, 10 de junio de 2011), obligación que está lejos de cumplirse.

Al estudiar el problema del surgimiento y control de plagas, de plantas no deseadas y enfermedades, la agroecología busca entender el rol de la biodiversidad en un agroecosistema, sus componentes y funciones para desarrollar estrategias de diversificación del hábitat. Por ejemplo, busca incrementar la diversidad de los insectos benéficos –predadores y parasitoides– que actúan como enemigos naturales de los insectos que se han convertido en plaga para bajar la densidad de su población. Para ello recurren al fomento de policultivos, rotaciones de cultivo, cultivos de cobertura o franjas de cultivo. Además del uso de trampas, plantas repelentes o insecticidas y fortalecer la fertilidad biológica del suelo.

Es necesario que en México se abra un debate público sobre las consecuencias de la política neoliberal en materia de regulación de los plaguicidas, la cual ha conducido a otorgar permisos a un alto número de plaguicidas altamente peligrosos, muchos de ellos prohibidos en otros países, para dar cumplimiento al mandato constitucional de la protección de los derechos humanos y sus garantías. Es necesario un cambio en las políticas públicas para que se fomenten las alternativas agroecológicas a los plaguicidas químicos, especialmente los plaguicidas altamente peligrosos en la agricultura, incorporando la experiencia y el saber de las organizaciones campesinas, indígenas y de productores privados, de las asociaciones de profesionales, de los centros de investigación agrícola, de los que practican la agricultura orgánica en los más de cien cultivos certificados en el país, así como de los que están practicando una certificación participativa construyendo sistemas locales alimentarios más sustentables.

*Maestro en ciencias y director de la Red de Acción en Plaguicidas y su Alternativas en México, AC (RAPAM)

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