Misión Internacional se sumó a la resistencia de las comunidades de San José del Golfo, en Guatemala

Una única lucha

Misión Internacional se sumó a la resistencia de las comunidades de San José del Golfo, en Guatemala

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atalcNueve meses de resistencia contra un proyecto minero de plata y oro que amenaza con terminar con la poca agua que existe en la zona metropolitana de ciudad de Guatemala, concretamente en los municipios de San José del Golfo y San Pedro Ayampuc, constituyen un ejemplo de acelerada concientización de las comunidades amenazadas por dicha industria extractiva de cuño trasnacional.

Con esta realidad de resistencia, moteada de sonrisas de hombres y mujeres que preparaban el desayuno para las 200 personas que en la jornada de este viernes hacían efectivo el bloqueo al predio por donde se ingresa a la mina, se encontró la Misión Internacional de Solidaridad en la que participan miembros de Amigos de la Tierra Internacional (ATI) y el Trasnational Institute (TNI).

Los habitantes de las varias aldeas que pertenecen a ambos municipios han decidido no permitir la operación de esta minera, que sin embargo penetró sus territorios en el más absoluto mutismo desde hace diez años. La presencia de la extractiva ya ha generado situaciones de violencia, en especial el ataque a una de las lideresas de la resistencia, que fuera baleada y casi pierde su vida.

Telas de varios idiomas y colores manifestando solidaridad internacional y local con la lucha para impedir la instalación de la minera, cocinas colectivas y dormitorios para quienes, en forma rotativa realizan el plantón a la vera del camino vecinal por el cual se accede a la mina, mucha alegría y compromiso se podían observar y respirar en la mañana del viernes 16 de noviembre.

Arroz y frijol son los víveres básicos para el desayuno y almuerzo que comparten cada día quienes asumen la responsabilidad de, pacíficamente, decir no e impedir de hecho la instalación de la minera. Varias fogatas encendidas doran las tortillas de maíz amarillo y desde las ollas se disfruta el perfume del atol de elote.

Sin embargo, desde hace algunas semanas la resistencia pacífica ha debido soportar la presencia periódica de un conjunto de asalariados y asalariadas de la empresa Mina Exmingua que se instalan con abundancia de recursos y sillas de alquiler bloqueando la libre circulación de los vecinos y, mediante altavoces, provocan a quienes han asumido una lucha que no tiene fin cercano y para la cual, cada día que pasa es un desafío con sabor a victoria. La Policía objetivamente actúa como “custodia” de estas personas al permaneces parqueada a escasos metros del lugar.

Rompiendo esquemas

Las mujeres han sido las verdaderas impulsoras de esta resistencia y claramente son una parte fundamental del día a día en “La Puya” o el “Punto de resistencia” como se ha conocido el sitio, nos cuenta Ángela Ochoa, una de ellas.

Asimismo, el caso de la Mina Exmingua, rompe con el esquema de que la minería en Guatemala se reduce a la afectación “apenas” de comunidades indígenas o rurales, al darse en la mera cercanía de la ciudad capital, donde las trasnacionales del comercio y la alimentación han dejado su huella en el mobiliario urbano, ocultando los grandes barrios populares y asemejándola a una capital europea.

La visita de la Misión Internacional, integrada por activistas y comunicadores de España, Croacia, Colombia, Argentina, Brasil, Honduras, Costa Rica, El Salvador, Filipinas y Guatemala cerró su actividad en el país guatemalteco y a partir de este sábado seguirá con su trabajo en la zona de Cabañas, El Salvador, donde la lucha organizada a través del Comité Ambiental de Cabañas, logró detener las actividades a la canadiense Pacific Rim.

Ángela Ochoa nos dice que su lucha y la de sus vecinos, compañeros y compañeras “es por la vida, por el futuro de nuestros niños. La iniciamos las mujeres cuando nos enteramos que andaban engañando a la gente en las aldeas. Empezaron a investigar y descubrimos que era la mina. Como no se podía hacer nada, empezamos a hacer la resistencia”.

La mentira fue desde el año 2000, momento de la llegada de la empresa a la zona, la carta de identidad de Exmingua, señala Ángela, quien junto a su esposo vive de las tareas de agricultura y, por ello, conoce el alto valor del agua, que en el caso de su aldea se encuentra ya hoy estrictamente racionada.

Sobre la provocación, con intenciones de romper el cerco de la resistencia, Ángela reitera que su lucha es pacífica y que muchas veces las mujeres han detenido a sus esposos para evitar que los mismos reaccionaran a los insultos y provocaciones que se les realizan durante varias horas al día.

“Son personas que no son de aquí. Las han comprado”, dice Ángela. Asimismo, señala que “luchamos porque van a destruir la tierra, se va a acabar el agua que es lo principal. Las mujeres, como madres que somos, entran en conciencia más rápido que los hombres”, concluyó.

Escuche la entrevista con Ángela Ochoa en audio adjunto.

Foto: Víctor Barro

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