Los “Escaramujos” son documentos de análisis producidos por Otros Mundos A.C. Les presentamos el último número de la colección, esperando les sirva para sus trabajos en defensa de los territorios. (Ver todos los números del Escaramujo)
EL ESCARAMUJO No. 143
TRANSICIÓN DEL CAPITALISMO
La crisis imperial…
Gustavo Castro Soto
Otros Mundos Chiapas
25 de Agosto 2026 San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México
https://otrosmundoschiapas.org/
Ningún Imperio ha sido eterno. Tarde o temprano han caído con características similares bajo factores internos y externos que se conjuntan en un punto de inflexión. El Imperio Acadio, Romano, Persa, Mongol, Británico, Otomano, Español, Azteca, Inca, Ruso, Chino, Portugués, Bizantino, Jázaro, Astrohúngaro, Alemán, Japonés; o los califatos árabes o los imperios coloniales francés, neerlandés, belga o italiano; entre otros muchos, todos, han caído. Sometían grandes extensiones de territorios conquistados en alguna parte del planeta, con la subordinación y el control central dominante sobre diversos pueblos en términos políticos, militares, fiscales o tributarios. Muchos de ellos coexistían simultáneamente controlando diferentes territorios del mundo.
Ahora nos referimos a la caída del Imperio Estadounidense, pero tiene la particularidad de controlar el Sistema Capitalista en la que estamos ya sometidos todos los pueblos del mundo, un sistema que tiene repercusión en todos los territorios del planeta. El Sistema Capitalista abarca tanto a ‘Occidente’ como a ‘Oriente’, a todos los continentes y culturas. Por más que se quiera, nadie está fuera de las reglas del capitalismo, de sus productos, de sus servicios o de sus instituciones. Por ello, esta crisis del imperialismo norteamericano es una crisis sistémica. Lo que está en disputa actualmente es la lucha por la hegemonía del Capitalismo que ahora ostenta los Estados Unidos. O es la disputa por el control del un nuevo modelo del capitalismo, o de un nuevo sistema en ciernes cuya transición puede durar muchas décadas.
La feroz disputa por la hegemonía del Capitalismo pasó de las manos del Reino Unido a los Estados Unidos luego de la II Guerra Mundial que derivó en el mundo bipolar de la Guerra Fría con los dos polos enfrentados: la Unión Soviética y Estados Unidos. Los diversos países y regiones orbitaron en torno a estos dos polos que definirían la vida política, económica, financiera y social. Pero la caída del Muro de Berlín en 1989 determinó el nacimiento de un mundo unipolar que concentró en el imperialismo norteamericano el control y la hegemonía del capitalismo global. Marcó las reglas, determinó el rumbo de la economía mundial y ‘Occidente’ se convirtió en el líder. Sin embargo, todo imperio trae consigo su propia destrucción. A largo plazo no se sustentan a sí mismos. Múltiples factores se convergen para marcar su punto de inflexión e iniciar su declive.
LA CRISIS IMPERIAL
Presenciamos y padecemos el derrumbe del Imperio norteamericano donde se juntan factores económicos, financieros, políticos, militares, culturales, ideológicos, religiosos y tecnológicos que convulsionan su hegemonía. Estados Unidos vive una crisis social y económica sin precedentes en medio de la mayor deuda mundial y de su historia, una inflación galopante, recesión, aumento de la pobreza, caída y cierre de empresas; crisis en el sector de salud, educación y vivienda; restricción de los derechos humanos; crisis del sistema financiero y especulación inmobiliaria. Los aranceles impuestos ha provocado pérdida en importaciones y exportaciones, volatilidad en el mercado así como una disminución del rendimiento de los bonos del Tesoro. Por otro lado, se agudiza la crisis energética y de producción de alimentos y la desaceleración del Producto Interno Bruto (PIB). Mientras tanto, el
presidente Donald Trump enriquece a un puñado de políticos y empresarios empotrados en las instituciones de su gobierno.
El dólar se va desplazando, pierde fuerza y se desploma. Estados Unidos saca a Rusia del sistema SWIFT (Society for Worldwide nterbank Financial Telecommunication) que conecta a miles de instituciones financieras de todos los países del mundo y que procesa pagos interbancarios transfronterizos. Esto obligó a Rusia a generar otro sistema alternativo con los BRICS y establecer un
nuevo polo de comunicación y nuevos aliados comerciales. Así, muchos países le dicen adiós al dólar. China comercializa en su propia moneda con Brasil, Rusia, Irán y otros paises del Golfo; Rusia también hace lo mismo con la India e Irán. Los países de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) (Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán, Moldavia, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán) también usan sus monedas locales en el 85% de sus transacciones comerciales. El auge del uso de las criptomonedas es otro factor del debilitamiento del dólar.
Por otro lado, la crisis política a su interior está provocada por la persecución presidencial a todos los sectores de la sociedad, tanto a migrantes como políticos, empresarios, estudiantes, jueces, abogados, medios de comunicación, etcétera, que en medio de acusaciones de fraudes electorales internos los republicanos van perdiendo algunas elecciones locales. La institucionalidad política se encuentra en crisis. El Poder Judicial y el Legislativo solo observan o son comparsa de las violaciones constantes a su Constitución. En términos militares habrá que recordar que Estados Unidos no ha ganado ninguna guerra desde la II Guerra Mundial cuando la derrota alemana fue marcada decisivamente por la Unión Soviética. Actualmente, Estados Unidos ha sido derrotado en Ucrania y en Irán lo que ha profundizado su crisis económica y energética. Esta crisis militar se enmarca en el desgaste externo de sus fuerzas armadas en muchos frentes, la pérdida de bases militares en varios países, el agotamiento de su arsenal estratégico, la crisis al interior de sus ejército, entre otros factores. Por su lado, Rusia compite como potencia militar con los Estados Unidos en muchos factores además de contar con más armamento nuclear.
Estados Unidos ha perdido la batalla ideológica y el consenso a nivel internacional y local. El ‘sueño americano’ se ha desplomado y se evidencia que no son faro de la democracia, la prosperidad, la seguridad ni del mínimo cumplimiento de los derechos humanos o del derecho internacional. Su figura presidencial ha quedado en ridículo y mofa mundial. Su sumisión y dependencia del ente sionista genocida ha quedado claro ante los ojos del mundo. Así, cuando se pierde la lucha política, cuando se pierde el consenso, se impone por la fuerza con la ayuda de “Dios” que lo bendiga, le justifique sus atrocidades, y que le sustente sus acciones bélicas para imponerse y sobrevivir. Aparece entonces la religión y los actos, símbolos y discursos acompañados de la divinidad porque las propuestas, el consenso y la lucha política se ha perdido. El objetivo es anquilosarse en el poder y enriquecerse a toda costa. La guerra se traslada ahora a la Inteligencia Artificial para crear mandatarios con este perfil, ya que se necesitan incompetentes, ignorantes e incluso delincuentes que sigan aplaudiendo el genocidio.
A este panorama se suma la “guerra cognitiva” donde la mente es un nuevo campo de batalla sin usar la fuerza militar convencional. Con ella se busca influir de forma masiva en la mente de las personas, manipular las sensaciones, deseos y pensamientos para influir en sus decisiones a favor del sionismo defendiendo ideas ajenas como propias, con el uso de la Inteligencia Artificial, las redes sociales y todas las herramientas tecnológicas, con las granjas de bots, las mentiras y las ideas transmitidas de manera sistemáticas. Esta guerra satura de información, evita el pensamiento crítico y fortalece la superficialidad, la flojera y fatiga mental; anula la reflexión, el análisis, los argumentos y hasta el sentido común. Este hackeo mental logra que el genocidio, los crímenes de guerra, los llamados a matar niños y niñas, bañados de la voluntad de “Dios”, sean aceptados y se sumen al odio y la persecución contra quien se oponga. Convencer que toda lucha por los derechos humanos, por el bienestar de las mayorías, o pugnar por un Estado de derecho, se le considera ‘radical’, ‘zurdo’ o ‘comunista’. Y eres un criminal si señalas el crimen.
EFECTOS DE LA TRANSICIÓN
En este proceso de transición se genera incertidumbre, miedo, caos, inseguridad y oscuridad. Las alianzas cambian, emergen nuevos actores y las oportunidades se aprovechan. Las estructuras que mantenían la hegemonía se derrumban, se colapsan, se cuestionan. Surgen otros polos de relación comercial, política, financiera y militar. Inicia el camino hacia un mundo multipolar. Es el momento en que los países buscan nuevos rumbos de sobrevivencia, de oportunidades, de alianzas y de estrategias. Quizás algunos países desaparezcan o se balcanicen. En esta crisis nada está escrito, los horizontes están abiertos a cambios radicales en la correlación de fuerzas internacionales. Algunos países profundizan sus dependencias con el ente sionista, otros buscan nuevas dependencias y polos. Mientras, los que pueden, buscan la manera de recuperar diversos aspectos de su soberanía energética o
alimentaria.
Ante la pérdida de consenso internacional el imperio se impone por la coerción, por la fuerza. La guerra es integral porque las armas ya no son solo militares, sino mediáticas, psicológicas, comerciales, financieras, de control territorial y de guerra cognitiva con la Inteligencia Artificial. Cualquiera de estos elementos puede definir el fin de la guerra o al ganador de ella. ¿Quién impondrá entonces otras reglas para la ‘convivencia’ y hegemonía internacionales?
Estamos viviendo una reconfiguración del lenguaje, de los valores, de las instituciones nacionales como multilaterales. El hegemón pierde fuerza. Hay quienes lo diagnostican como totalitarismo, dictadura o fascismo. Las teorías para diagnosticar este proceso de transición se están esgrimiendo. Pero, ya nos habíamos cuestionado antes, ¿el Imperio crea a su propio exterminador? ¿El psicópata derrumba al Imperio o el Imperio crea al psicópata que le dará muerte? Y es que ya no sólo se trata de un análisis geopolítico o geofinanciero, sino de cómo las personalidades y las patologías determinan y aceleran el fin de un Imperio dirigido por psicópatas y delincuentes. Es la geopsiquiatría.
En esta transición modélica o sistémica, es pronto para saberlo, se da una crisis conceptual, política, económica, financiera, cultural, ideológica y hasta religiosa que ronda en el planeta mientras se redefinen y se reconfigura el sistema. Para algunos analistas vivimos en una crisis sistémica del capitalismo y para otros una crisis modélica dentro el capitalismo que ha transitado por varios modelos, desde el Modelo Liberal, pasando por el Estado de Bienestar, el Neoliberalismo, y hay para quienes luego del Modelo Corporación transitamos actualmente a otros modelos de dominación global como el Modelo Tecno Capitalista. Para otros analistas estamos transitando al Modelo Tecno Fascista. Y aún más radical, otros analistas apuestan que la transición es del Sistema Capitalista al Sistema Tecno Feudal.
De forma muy sintética, se entiende por el modelo ‘tecnocapitalista’ a la dominación corporativa sobre la tecnología avanzada de la Inteligencia Artificial. Se entiende por modelo ‘tecnofascismo’ al totalitarismo de Estado en alianza con el poder corporativo tecnológico y la Inteligencia Artificial para el control social masivo.
Como mencionamos, otros analistas plantean que no es un cambio modélico dentro del capitalismo lo que estamos viviendo, sino una transición de sistema, un cambio sistémico denominado ‘tecnofeudalismo’. Quizás una especie de fusión entre el Sistema Feudal y el Sistema Capitalista. Implica una nueva realidad digital con características de medioevo donde la moneda de cambio son los datos que el siervo (la persona) entrega para poder acceder al territorio de las nubes y las plataformas digitales cuyos dueños son las grandes empresas tecnológicas, los nuevos señores feudales que ejercen el poder social, económico y político. Se alimentan los algoritmos, se modifican los patrones de consumo y de mercado. Entre las corporaciones más importantes están Meta (propietaria de Facebook e Instagram), Alphabet (Google), Amazon, Apple y Microsoft; o la china ByteDance (propietaria de TikTok).
Al final, el eje común de estos esbozos de diagnósticos que buscan la teoría y el concepto más adecuado para entender esta transición, como eje fundamental que determina el cambio, tienen en común la tecnología avanzada, la Inteligencia Artificial y las redes digitales. La tendencia es la pérdida de la libertad. Para algunos analistas estamos presenciando la última generación que ha vivido la libertad. Y esto lo advirtió el alemán Thomas Mann (Premio Nobel de Literatura 1929) cuando en 1943 afirmó que “cuando el fascismo regrese, lo hará en nombre de la libertad”. Luego dirán que Humberto Eco retomaría esta frase afirmando que «cuando el fascismo vuelva, no dirá «soy el fascismo», sino «soy la libertad»». Y así llegó gritando el desquiciado: “’¡Viva la libertad, Carajo!”
En este río revuelto y convulso es difícil determinar una tendencia clara. Lo que sí podemos observar es que la disputa por la hegemonía de sistema se da entre el Ente Sionista de ‘Occidente’ que sale de las entrañas de Estados Unidos y el ‘Oriente’. Un ‘Oriente’ que empieza a llevar la delantera. Rusia rebasa a Estados Unidos en lo militar; Irán controla la principal ruta del energético que alimenta al planeta; China le disputa al imperio en términos productivos y comerciales. Como mencionamos, entre ellos y otros han creado nuevos mecanismos de intercambio en ‘Oriente’ y con algunos países de ‘Occidente’ como la compra de bienes en monedas propias que provoca fisuras y debilitamiento del dólar; nuevas rutas y acuerdos comerciales, nuevos sistemas financieros disputando a Occidente el control de las transacciones bancarias internacionales, así como nuevas inversiones y otros aliados. Otras narrativas quieren enfocar la disputa en términos religiosos, entre el Judaísmo y el Islam; o en términos lingüísticos criminalizando a los “árabes”…