El Escaramujo 141: EL DICTADOR; El perfil del psicópata en la caída del Imperio

Los “Escaramujos” son documentos de análisis producidos por Otros Mundos A.C. Les presentamos el último número de la colección, esperando les sirva para sus trabajos en defensa de los territorios. (Ver todos los números del Escaramujo)

EL ESCARAMUJO No. 141
EL DICTADOR
El perfil del psicópata en la caída del Imperio


Gustavo Castro Soto
Otros Mundos Chiapas
12 de Agosto 2026, San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México
https://otrosmundoschiapas.org/

Desde el arribo a su segundo mandato sorprende día a día con alguna novedad. Se supera a sí mismo cada vez, y cuando se piensa que ya es imposible que haga o diga más sandeces al día siguiente sale con otra, y luego otra. Es Inaudito. Estamos viviendo un período de transición que no se había visto nunca. El mundo capitalista está gobernado hoy por psicópatas, sociópatas y narcisistas. Sin embargo, este presidente se lleva de calle a todos juntos.

Ningún Imperio ha sido eterno. Todos han colapsado tarde o temprano. Pero, ¿El psicópata derrumba al Imperio o el Imperio crea al psicópata que le dará muerte? Y es que no sólo se trata de elaborar un análisis geopolítico o geofinanciero, sino de cómo las personalidades y las patologías determinan y aceleran el fin de un Imperio dirigido por psicópatas. Es la geopsiquiatría.

Estados Unidos presume ser faro de la libertad y la democracia, lo que no ha sido nunca, aunque se ha creído esa narrativa pese a ser el primer país en el mundo con más tiroteos y estudiantes muertos en escuelas, así como otros lamentables indicadores sociales, económicos y políticos que derrumban el “sueño americano”. Ahora, en el clímax de su agonía nacional e imperial lo gobierna un criminal de guerra, homófobo, sexista, misógino, ladrón, violador, racista, xenófobo, convicto, especulador, fraudulento, asesino, mentiroso, genocida, pederasta, evasor de impuestos, represor, ególatra, narcisista, corrupto, cínico, manipulador y colérico. Actúa de manera ilegal, se salta la legislación de su país y el derecho internacional; actúa en desacato a la autoridad judicial y amenaza a propios y extraños. Los mismos políticos estadounidense no lo han bajado de “desquiciado”, “loco”, “tonto”, “demente” y un largo etcétera. Y de todos estos adjetivos hay pruebas contundentes y bastas, nada es inventado. Existen infinidad de fuentes por todas partes y medios de comunicación, textos, videos y hasta el mismo presidente presume muchas de estas “virtudes”. Son tantas las fuentes y tan bastas que da flojera exponerlas para sustentar cada una, para sustentar lo evidente y lo que está a los ojos del mundo entero. Cualquier persona puede verificar cada cosa sobre este presidente que padece el Trastorno de la Personalidad Narcisista (TPN) en su máxima expresión. Es duro decirlo, pero es real. De repente pensamos que no puede haber una persona que represente todo eso. Bueno, Netanyahu sería otro, y quizás muy de cerca Zelensky o Milei. Y al parecer la lista va creciendo conforme avanza la derecha.

El primer Presidente convicto al que se le ha comprobado legalmente sus delitos por un tribunal promueve la guerra, la pena de muerte y el genocidio. No hace mucho tiempo se penalizaba el discurso de odio y la violencia de género, la violencia política y otras violencias, pero hoy se normaliza, se acepta, se aplaude, se presume y no pasa nada. Donald Trump considera que se deben utilizar métodos de tortura como el «submarino» o ahogamiento simulado (cuando se cubre el rostro con una manta y agua), y vocifera sin pena acciones que violan el derecho internacional y anuncia y ejecuta crímenes de guerra como bombardear escuelas, puentes, plantas de energía y de agua, caminos y todo tipo de infraestructura civil. Mientras apoya, arma, financia y protege al ente genocida de “Israel” es obviamente cómplice de los crímenes de guerra de Netanyahu, del bombardeo de universidades, casas, ambulancias, campamentos, hospitales; de asesinatos de periodistas, de niños y niñas, de tortura, de envenenar agua y quemar plantaciones de alimentos o evitar la ayuda humanitaria usando el hambre como estrategia del genocidio.

Amenaza a diestra y siniestra con aplicar ilegales aranceles a todo el planeta y luego de desdice mientras cumpla el objetivo de amedrentar, especular y sentirse poderoso con el fin de tener el control y doblegar a los países para que regresen a su círculo de dominio.

Trump usa la policía anti inmigrante, el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), encapuchados cual viles sicarios, para secuestrar no solo a migrantes sino a residentes legalmente establecidos en el país, incluso a compatriotas norteamericanos. Con esta policía ha balaceado a clérigos que protestan en las calles; provoca redadas y allanamientos de viviendas y comercios. Igual lleva a cabo arrestos sin órdenes de aprehensión que ejecutar deportaciones masivas o suspender las solicitudes de inmigración para personas de 19 países considerados «de preocupación»: Afganistán, Myanmar, Chad, República del Congo, Guinea Ecuatorial, Eritrea, Haití, Irán, Libia, Somalia, Sudán, Yemen, Burundi, Cuba, Laos, Sierra Leona, Togo, Turkmenistán y Venezuela. Trump pretende deportar a más de 10 millones de migrantes, fortalecer el muro y que México cubra el costo, así como eliminar la “ciudadanía por nacimiento”.

El Presidente elimina visas a su antojo, incluso a diplomáticos, y del mismo modo decide quién entra al territorio de la ONU en Nueva York. Persigue a sus críticos husmeando en sus redes sociales para determinar si entran o no a su país. Invalida documentos oficiales, elimina el uso de otros idiomas en los despachos gubernamentales y encarcela a cientos de personas sin derecho a juicio, ni abogados ni visitas, además de negar información a sus familiares sobre sus paraderos. Todavía peor, los envía a cárceles en otros países. Incluso hay ciudadanos norteamericanos desaparecidos.

Donald Trump insulta, persigue y amenaza al Poder Judicial, a jueces, abogados, políticos, funcionarios, congresistas, periodistas, militares, gobernadores, estudiantes, empresarios, iglesias, redes sociales y todo aquél que se le oponga, que le critique o que se salga de su circuito de control y poder. Expulsa de las ruedas de prensa a periodistas y los insulta, como a todo mundo con su lenguaje y vocabulario pobre y deficiente. Igual se queda dormido que interrumpe abruptamente las entrevistas, o logra que se despidan a los presentadores de televisión que se burlan de él, aunque no puede hacer nada contra los abucheos que ha recibido en público durante eventos masivos o deportivos.

Donald Trump engendra miedo en la población al tiempo que reprime a estudiantes. Incluso aquellos que han protestado contra el genocidio y sus políticas se les ha prohibido titularse en las universidades y aún así se les obliga a pagar sus deudas escolares. Del mismo modo se han expulsado a directores y maestros de diversas universidades del país. Por otro lado, Trump declara que solo existen dos géneros, hombre y mujer, y desconoce los derechos de la comunidad LGBT. Prohíbe que las personas transgénero sirvan en el ejército de Estados Unidos o participen en deportes femeninos. Se burla, mofa y esgrime groserías contra todo aquél que se atreve a cuestionarlo. Pero le cuelgan demandas de todo tipo en su país. Sin embargo, no acata las resoluciones judiciales y se salta toda estructura de legalidad con impunidad apabullante frente a los ojos del mundo.

Se cree y se siente único y ungido por Dios, elegido por Dios. Se autodenomina el mejor presidente de su país en los últimos 100 años. Publica imágenes donde se compara y se asume como Jesucristo, el Rey del mundo con su corona, Comandante Cósmico, Premio Nobel, o vestido de Elvis Presley o de Papa. Realmente ridículo. Para rematar su delirio de grandeza publica la escena donde líderes religiosos, cristianos fanáticos, rezan y oran a su alrededor en la Sala Oval de la Casa Blanca como si fuera el ungido, el mesías todopoderoso al que se le reconoce como el salvador que hará nuevamente grande a los Estados Unidos.

Trump se siente soñado y hecho a mano. Reestructuró la junta directiva del monumento en Washington, D.C., para incluir su nombre en el afamado Centro Kennedy y convertirlo en el «El Centro Trump- Kennedy». También inventó la Tarjeta Dorada Trump con su rostro estampado (en inglés: Trump Card o Trump Gold Card), un tipo de visa de residencia para extranjeros que cuesta entre 1 y 5 millones de dólares. Por si fuera poco, raya en los síntomas más ridículos del Trastorno de Personalidad Narcisista (TPN). Trump expresa abiertamente su interés en que su rostro se esculpa en la montaña como la quinta cara en el Monumento Nacional del Monte Rushmore (Dakota del Sur), donde se ubican los famosos rostros tallados de George Washington, Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt y Abraham Lincoln. Pero hay más de su patología narcisista. Trump festeja su cumpleaños con un mega evento con la instalación de un enorme foro frente a la Casa Blanca en el marco de los 250 Aniversario de los Estados Unidos. En su delirio por inflar su ego, anuncia la edición de un billete de 250 dólares con su rostro y la emisión de 250 mil pasaportes conmemorativos («Pasaporte Patriota») que incluirán su retrato. ¿Serán posibles más sandeces? Sí, se construye la “Autopista Presidente Donald J. Trump” de 1,055 kilómetros en Marruecos que atravesará el Sáhara Occidental

Trump cambió el nombre del ‘Departamento de Defensa’ al ‘Departamento de Guerra’ y luego se lanza a la guerra contra Irán y su primera acción es asesinar con una bomba a 167 niñas en una escuela en el país persa. Sin embargo, insiste en que él debería obtener el Premio Nobel de la Paz y argumenta con la mentira de que ha detenido siete guerras al tiempo en que financia y fortalece el genocidio en Palestina para crear en Gaza un complejo turístico de lujo, «la nueva Riviera de Oriente Medio». Su disociación con la realidad le da para hacer que la FIFA invente por primera vez el Premio de la Paz y se lo otorgue a él en una ceremonia ridícula. Incluso Trump propone que el corrupto Giovanni Infantino, Presidente de la FIFA, sea el Secretario General de la ONU. Esto raya ya en lo vergonzoso y ridículo, incluso patético. Pero por si fuera poco, las guerras contra Rusia en Ucrania y contra Irán son de dimensiones globales, así como las consecuencias de los asesinatos de pescadores en lanchas en Venezuela y el secuestro de su presidente Nicolás Maduro.

Trump es un mitómano empedernido con un patrón impulsivo a las falsedades. Es mentiroso y embaucador, esgrime datos falsos e historias distorsionadas a cada momento para adecuarlas a su narrativa y sus intereses, típico de personalidades que buscan atención y admiración. Trump asegura que los países latinoamericanos «vacían sus cárceles y hospitales psiquiátricos» para enviar criminales a Estados Unidos, país donde seguramente ha de reinar la paz, la prosperidad, donde nadie se mete drogas y menos su ejército, donde no hay empresas ni y empresarios corruptos, ni aduana o policías corruptos, donde no hay cárteles que distribuyen drogas ni bancos que lavan el dinero. Así, la prensa y las redes sociales han registrado decenas de miles de afirmaciones falsas. En medio de la crisis de su país y cuya deuda externa ya rebasa los $39 billones de dólares, no se cansa de afirmar que durante su
presidencia el país registra la «mejor economía de la historia del mundo», utilizando datos falsos e inflados sobre los mercados financieros, el empleo, la inflación o las inversiones y con permanentes críticas a la autonomía de la Reserva federal.

Trump cuenta con muchas denuncias de abusos sexuales y aparece miles de veces en los Archivos Epstein. Bloquea el acceso a la información de la red gigantesca de pederastia creada por el ente sionista “Israel” para chantajear y controlar a los actores más importantes desde políticos, artistas, intelectuales, entre otros. Por si fuera poco, Trump ha sido declarado culpable de falsificación de registros comerciales en primer grado y fue acusado de instigar la rebelión armada con la toma del Congreso donde se allanaron las oficinas con saldo de policías muertos, como si fuera un golpe de estado.

Donald Trump acusa de fraudes electorales en su propio país, el supuestamente más democrático. Interviene expresa, pública y directamente en elecciones de otros países con chantajes, sobornos y amenazas para que sus candidatos queden en el poder y se plieguen a los intereses del ente genocida y de los Estados Unidos. También cae en desacato permanentemente y actúa ilegalmente y sin permiso del Congreso de los Estados Unidos. Rompe las leyes nacionales y el derecho internacional. Se retira de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se retira de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), se retira del Consejo de Derechos Humanos de la ONU y así de un total de 31 instituciones de las Naciones Unidas. También se retira del Acuerdo de París, recorta el presupuesto de salud y de programas sociales y hasta un 50% el presupuesto en Educación. Suspende los fondos de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y la Fundación Inter Americana (IAF). Para evitar la cárcel por sus delitos impulsa la desaparición de la Corte Penal Internacional porque argumenta que no es nadie para juzgar a los Estados Unidos. De lograrlo le dará impunidad también a Netanyahu quien es acusado y perseguido por la Corte por el genocidio palestino, aunque al interior del ente sionista también se le acusa de corrupción por lo podría ir a la cárcel por este motivo. Trump también logró que la Corte Suprema de Estados Unidos otorgara inmunidad a los presidentes frente a procesos penales por actos oficiales.

Trump promueve a su abogado personal, Todd Blanche, como Fiscal General de los Estados Unidos para que le proteja de las demandas en su contra. Blanch está vinculado a los esfuerzos para bloquear las auditorías fiscales de la familia Trump. También promueve para altos puestos de la fiscalía al ex fiscal James M. McDonald, otro abogado defensor de Trump. Por si fuera poco, el presidente convicto despide al nuevo fiscal federal principal en Seattle, Roger Rogoff, exjuez y veterano fiscal estatal y federal, a menos de una hora después de que fuera designado por unanimidad por los jueces federales del distrito. Así, Trump controla al Poder Ejecutivo, Judicial y Legislativo por medio del miedo, de la corrupción y el chantaje. Y detrás de todo está el lobby sionista que tiene atadas las manos y tapadas las bocas a los principales actores en el país por medio de sus Archivos Epstein y por medio del dinero que compra costosas voluntades.

En un caso sin precedentes e insólito, por la filtración de sus declaraciones de impuestos de 2019 y 2020, el presidente Donald Trump demandó a su propio gobierno por 10.000 millones de dólares. Sin embargo, logró un acuerdo con el Departamento de Justicia para retirar su demanda a cambio de un fondo de casi 1.800 millones de dólares, que le anulen las acusaciones de evasión fiscal y que se veten las auditorias «para siempre» en su contra y de toda su familia. Así, Trump es un defraudador fiscal y todo un delincuente consumado. Incluso infló el valor de sus activos para conseguir préstamos y los devaluaba para no pagar impuestos. ¿Se puede ser más corrupto que eso?

Trump se robó más de 13 mil documentos del gobierno y los escondió en su gigantesca mansión de Mar-A-Lago. Más de 300 documentos eran clasificados como “ultrasecretos”. Un fiscal le imputó 40 cargos federales por delitos graves como el mal manejo intencional de secretos de defensa nacional bajo la Ley de Espionaje y obstrucción de la justicia. Además, en su gran mansión lleva a cabo encuentros oficiales y los aloja en sus edificios y hoteles para cobrar al erario público por la renta de sus inmuebles y enriquecerse a costa de los estadounidenses.

Donald Trump es un estafador con el uso de sus criptomonedas; usa la información privilegiada para jugar con los mercados y manipular y especular con los precios del petróleo. El y su familia se han enriquecido de manera grosera. En el primer año de su segundo mandato aumentó su fortuna en 1.400 millones de dólares por ingresos relacionados con activos digitales lo que sumó más de 2.300 millones de dólares de ingresos en lo que va de su reinado. Por si fuera poco, Trump afirma cínicamente que puede manipular los mercados y ofrece a los inversores recibir sus mensajes en su red social antes de publicarse para que lucren con la especulación, a cambio de cobrarles 100 mil dólares la suscripción mensual.

Trump pretende anular elecciones o con artimañas lograr que se reduzcan los votantes en su contra para entronarse en el poder hasta su muerte. Ya lo había amenazado años atrás afirmando que no habría necesidad de más elecciones a partir de su llegada al poder. Pero lo cierto es que va perdiendo adeptos aunque el sionismo israelí tratará de mantener el poder cueste lo que cueste.

Desde su trono imperial sigue amenazando a Dinamarca con quedarse con Groenlandia; bombardea y asesina a pescadores en sus lanchas e inventa cárteles y drogas para justificar la invasión de Venezuela, robar su petróleo y secuestrar a su presidente. Trump se burla y se mofa del Primer Ministro de Canadá y amenaza a ese país con anexar alguna de sus regiones o convertirlo en otro estado más de su delirante imperio. También hace lo mismo con los mandatarios europeos, los humilla, los critica y los ningunea.
No hay razón, no hay necesidad geopolítica sino su necesidad de sentirse poderoso. Lo más patético es que todos ellos le rinden pleitesía. Pareciera que estamos viendo un Síndrome de Estocolmo político internacional. Por si fuera poco, les sabotea y deja sin utilidad el gasoducto submarino Nord Stream 1 de 1,200 km que conectaba las reservas rusas de gas a Europa, y ahora los europeos tienen que comprarle a Estados Unidos el gas a precios estratosféricos. Pero para los mandatarios europeos los rusos son el enemigo, no Estados Unidos.

Donald Trump pretende cambiar el nombre de Golfo de México por Golfo de América y tener el total control del Canal de Panamá para expulsar a China de la región. Amenaza con invadir México y con adueñarse de Cuba. Libera al ex presidente hondureño Juan Orlando Hernández gracias al pago que le dan los judíos israelíes sionistas, quien purgaba una pena de 45 años de cárcel por narcotráfico. Honduras ha sido el narco estado más cohesionado y creado por el propio Estados Unidos. Este expresidente ya liberado tendrá la tarea de crear una campaña mediática contra Colombia y México para imponer a la ultra derecha más podrida de cada uno bajo la influencia sionista. Ya el resto de los países de América Latina y El Caribe están en sus manos. Y por otras latitudes, en Siria, luego de derrocar a Bashar al-Ásad en 2024, impone al actual presidente Ahmed al-Sharaa (Abu Mohammad al-Julani), quien fuera miembro de Al Qaeda, antes perseguido por los Estados Unidos que ofrecía 10 millones de dólares por su captura, acusado de terrorismo y de decapitar a sus enemigos, y ahora muy querido y aliado de Trump.

Sin contar con los permisos del Congreso, Trump mandó demoler parte de la Casa Blanca para construir su Salón de Baile con un costo de 300 millones de dólares mientras embarra de dorado las paredes de la Casa Blanca porque le fascina el oro. Y para engrosar su ego, la familia real de Qatar le dona un Boeing 747-8 valorado en $400 millones de dólares para usarse como el avión presidencial Air Force One.

Para Trump la culpa de todo los males de Estados Unidos y de las consecuencias de sus actos están afuera. Los culpables son ‘los migrantes’ cuando él mismo y su esposa lo son. Como ya no es suficiente este discurso los culpables son ahora ‘los terroristas’ cuando Estados Unidos es el principal terrorista imperial que invade, roba y asesina en decenas de países por todo el planeta. El turno es para ‘los narco estados’ cuando Estados Unidos es el principal narco estado del mundo, quien más consume droga, la trafica, la administra y se enriquece del negocio. Ahora la culpa la tienen los ‘radicales de izquierda’ que ve en cada persona que exige justicia y sus derechos humanos. Al final es el ‘comunismo’ que no existe en ningún rincón del planeta. Sin embargo, aunque sus propios ciudadanos ya lo han intentado asesinar, las amenazas de Irán le generan tal pánico que da instrucciones a Pentágono de que, en caso de ser asesinado, se bombardee Irán a «niveles nunca antes vistos”. Así, trasnochado, confundido, con
delirios de grandeza, con miedo e inseguridades, el dictador se derrumba, pierde el control y en su desesperación los ve todos juntos: ‘los comunistas terroristas radicales de extrema izquierda’.

Si pocos de estos indicadores se dieran en algún gobierno de América Latina hace algunos años, ya se hubieran desplegado los misiles mediáticos, políticos y hasta militares contra la nación que se atreve a rebasar cualquier línea. La ONU ya hubiera desplegado sus Resoluciones, Estados Unidos sus amenazas y sanciones y se ejecutarían golpes de estado. Sin embargo, hoy pareciera que el sionismo requiere de psicópatas y delincuentes al frente de los gobiernos para romper los límites morales y éticos, desafiar el concepto de los derechos humanos y sus instituciones, eliminar los marcos del derecho internacional para permitirse todo exceso. Lo más irónico es que, para justificar tantas atrocidades, no hay gobierno de derecha sionista que no se cobije bajo los designios, la voluntad y la protección de Dios.

En este contexto, en los países de América Latina y el Caribe se observa que la oleada de la extrema derecha aliada al trumpismo y al sionismo israelí se cimienta más rápido que tarde. México se verá acorralado entre los demonios, sin amigos ni alianzas regionales. ¿La izquierda podrá hacer algo? O resentidos por las promesas incumplidas, los avances no valorados, las transiciones no vistas o faltos de análisis, ¿votará su castigo para sumarse al eje sionista? Porque una vez comidos ni regurgitados renacemos.


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