Los “Escaramujos” son documentos de análisis producidos por Otros Mundos A.C. Les presentamos el último número de la colección, esperando les sirva para sus trabajos en defensa de los territorios. (Ver todos los números del Escaramujo)
EL ESCARAMUJO No. 145
LA CAÍDA DE LA IZQUIERDA EN AMÉRICA LATINA
No aprendemos de la experiencia…
Gustavo Castro Soto
Otros Mundos Chiapas
23 de Septiembre 2026 San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México
https://otrosmundoschiapas.org/
En la década del 2000 se vivió un despertar del progresismo, o para otros un despertar de los gobiernos de izquierda, que no es lo mismo. Se apostó por ellos con la esperanza de muchos cambios con el apoyo de una movilización social muy activa durante esa década. Pero las ansias de inmediatez política y sistémica no sólo decepcionó desde abajo al ver promesas incumplidas y avances torpedeados. También los poderes económicos, empresariales, transnacionales e imperiales, supieron socavar los avances progresistas o de gobiernos de izquierda, según la lectura política de cada quién. Otras personas esperaron que las políticas de izquierda se ejecutaran a rajatabla, sin demora, sin contexto y sin negociaciones; que en cuatro, cinco o seis años de presidencia la realidad nacional diera un giro radical, que se modificaran las estructuras del estado en tan poco tiempo, que se recuperara la soberanía, se detuviera la crisis climática, se eliminara el extractivismo y el petróleo como fuente de energía del capitalismo; o que se diera fin a la inflación, la deuda externa, la pobreza, la violencia, el poder de las transnacionales, los tratados de libre comercio, el narcotráfico y la corrupción enquistadas durante tantas décadas de historia reciente y de políticas neoliberales.
Los llamados gobiernos de izquierda, aunque así lo fueran, no pudieron ejecutar más que políticas progresistas y antineoliberales en algunos casos como apostar por la educación gratuita, los servicios de salud universales, apoyos raquíticos al campo, algunas nacionalizaciones de actividades extractivas para repartir sus ganancias a otros sectores menos favorecidos, entre otros. La dinámica capitalista de acumulación fue difícil de detener e imposible en unos cuantos años. Tampoco pudieron desligarse en tan poco tiempo del poder que controla las economías mundiales, del Fondo Monetario Internacional (FMI), del Banco Mundial; o del poder financiero, bancario y especulativo; de las inversiones privadas con tal de favorecer algunos raquíticos empleos. Un proceso de transición que no soportó las ansias del cambio radical. Los gobiernos progresistas habían heredado las instituciones y mecanismos de corrupción infestados e instalados en todos los niveles, la injerencia del narcotráfico, la deuda externa e interna galopantes, las heridas frescas y presentes de previas dictaduras militares, los tratados de libre comercio comprometidos con tratados bilaterales de inversión, las privatizaciones que acababan de entregar al poder económico nacional y transnacional los sectores sensibles y altamente rentables. Pero la izquierda y el progresismo se impacientó, se desencantó por las promesas incumplidas. Esa ilusión y espejismo provocó que algunos sectores castigaran a sus referentes y votaran por la derecha o de plano por la abstención. Algunos, como muchos argentinos en la actualidad, se arrepintieron pronto, pero ya era demasiado tarde.
¿Será que la izquierda no aprende a tener paciencia histórica?, ¿a comprender las transiciones, su temporalidad y mecanismos? ¿A diferenciar entre lo deseable, lo posible y lo real en plazos cortos? Sea cual fuera la causa de las derrotas de la izquierda/progresista, la derecha percibe que cada vez pierde credibilidad y falta de consenso.
Hablar de ‘izquierda’ y ‘derecha’ pudieran ser conceptos ya superados para algunas personas. Y para otras, aunque no son lo mismo, igualan “izquierda” con “progresismo”. Pero para facilitar la exposición del siguiente cuadro, se marcan los gobiernos de izquierda/progresistas con amarillo y los de la derecha en azul. Sin embargo, hay muchas tonalidades, visiones e interpretaciones. Algunos gobiernos marcados de azul tuvieron tintes nacionalistas o implementaron algunas políticas soberanistas, lo que para otros pudieran ser gobiernos progresistas, de centro o simplemente de derecha. En fin, es un ejercicio somero para vislumbrar los cambios en el continente. Cada quien haga su propio análisis. Las fechas son cercanas en los años ya que no se identifican los meses en que iniciaron su mandato o lo terminaron. Al final, prácticamente todos los países han terminado bajo el dominio o al menos fuerte influencia de Estados Unidos e “Israel”. Brasil, México, Cuba y Nicaragua son la excepción en el Continente en la medida en que sus gobiernos no han caído en manos sionistas.
Podemos observar en el siguiente cuadro la primera ola de gobiernos de izquierda/progresistas en la década del 2000, y que luego cayeron recuperando el poder los gobiernos de derecha. ¿Qué sucedió? Por qué la izquierda votó por Jair Bolsonaro en Brasil, por Sebastián Piñera en Chile, por Lenin Moreno en Ecuador, por Horacio Cortés en Paraguay, por Alan García en Perú, entro otros. Luego, en la década del 2010, una nueva ola aunque más pequeña de gobiernos de izquierda/progresistas volvieron a surgir y volvieron a caer. No se sostuvieron. Caen Cristina y Alberto Fernández en Argentina, Xiomara Castro en Honduras, Dilma Rousseff en Brasil, Michelle Bachelet en Chile, Fernando Lugo en Paraguay, Ollanta Humala en Perú, Mauricio Funes en el Salvador, Gustavo Petro en Colombia, Evo Morales en Bolivia, entre otros. Aunque muchos considerarían de derecha a más de uno.
A partir del 2025 y especialmente durante el 2026, prácticamente todos los gobiernos del Continente Americano han caído en manos y control de Estados Unidos y de “Israel” (véase El Escaramujo No. 144). Con razón el “Ente Sionista” decretó el año 2026 como el “Año de América Latina”. Por lo pronto, como ya mencionamos, Brasil, México, Cuba y Nicaragua son la excepción. Pero van por ellos. A menos que la diferencia en la votación sea de millones de votos que pudieran hacer casi imposible un fraude. De lo contrario, el fraude electoral cibernético con la manipulación de algoritmos, las amenazas, las intimidaciones a funcionarios y a estructuras electorales, la compra de votos, las granjas de bots, las noticias falsas y la guerra mediática de “Israel”, lograrían que la diferencia mínima del electorado pueda ser fácilmente revertible a favor de los intereses sionistas. Esto lo ha logrado no solo en el continente, sino en África, Europa y en los mismos Estados Unidos en sus elecciones internas y muy posiblemente en las elecciones próximas del mes de noviembre del presente año. Las dictaduras se imponen cuando la falta de consenso aumenta. Para otras personas se llamará “fascismo”, “autoritarismo”, “derecha”, “extrema derecha” o “sionismo” que abarca todo el “Mal Absoluto”: imperialista, genocida, infanticida, ladrón, violador, sin moral ni ética, sin recato, sin límites, sin leyes. Eso sí, bañado de la voluntad de “Dios” para ver si así convence o al menos frena réplicas.
El reto para México no es menor. En los siguientes cuatro años el país será muy probablemente el centro de ataques para derrotar a la 4T y al gobierno de Morena. El escenario y perspectivas para México lo abordaremos en otra entrega de “El Escaramujo”.

