Arquitectura sustentable: no sólo una pancarta verde
Encontrar la forma adecuada de intervenir el espacio y el tiempo, entender a los edificios como organismos vivos. La arquitectura sustentable va más allá de la construcción para buscar un equilibrio. La construcción es una de las industrias que más contaminan. Se estima que demanda un 40% de la energía de un país, produce un 25% de las emisiones de CO2, genera un 50% de los residuos sólidos y contamina el aire en un 30%. Con las consecuencias ya visibles en nuestro planeta, desde ya hace varios años la arquitectura sustentable busca solucionar los errores del pasado y del futuro. Pero, ¿Qué significa que sea sustentable? ¿Debemos resignar comodidad y calidad?
Según la arquitecta Adriana Miceli, Profesora Titular de Grado y Posgrado en Arquitectura Sustentable en la Universidad de Buenos Aires, directora del Centro de Formación en Arquitectura Sustentable y socia de Sustentarq SRL, la arquitectura es una ciencia, un arte que construye espacios. La ecología también es una ciencia, pero que mide el comportamiento de los ecosistemas.
Por eso, a la hora de definir a la arquitectura sustentable, conjuga ambos conceptos: “Se busca proyectar edificios que se relacionan mejor con el medioambiente, se miden todos los procesos. Se considera al edificio como un organismo vivo que consume recursos y produce desechos, y de acuerdo a cómo sean esos procesos, va a ser más o menos eficiente”.
Con esta visión coinciden Luciano Intile y Andrés Rogers de intile&rogers Arquitectura, pero lo definen con sus propias palabras. Para ellos, la arquitectura sustentable es la que busca ser apropiada para su tiempo y espacio, eficiente en términos biológicos y que, como sistema, funciona bien con todas sus partes. “El hombre participa del medio natural con las herramientas que tiene, si construye algo más amigables con el medio original, está generando entidades biológicas que participan de un contexto más amplio”, explica Luciano. Por su parte, Andrés agrega que sustentable es aquello que también busca un equilibrio entre lo ecológico, lo social y lo económico.
La diferencia con la arquitectura tradicional pareciera estar en el paso previo y en el posterior: investigar antes de desarrollar el proyecto es la clave, y controlar su funcionamiento una vez terminado, también. “Nuestra relación con la naturaleza es muy directa, nuestra profesión la utiliza para poder ser, entonces es fundamental que sepamos de qué se trata y cómo cuidarla”, destaca Miceli y agrega: “Es importante monitorear para ver cómo funciona el edificio, qué procesos genera, cómo se puede modificar lo que no es sustentable”.
La clave de la arquitectura sustentable está en la ciudad
Muchas personas no consideran que el primer lugar donde se debe desarrollar la arquitectura sustentable es en las ciudades, donde vive la mayoría de la población. Un edificio es sustentable cuando protege a sus habitantes del clima y a la vez se relaciona con su entorno.
“El edificio se puede construir con materiales tradicionales, no hace falta pensar sólo en adobe y materiales reciclables, uno tiene que elegir el adecuado según el medioambiente para que la radiación solar ingrese lo necesario y en los momentos que uno quiere, tener en cuenta la dirección del edificio, las condiciones climáticas, utilizarlos de una manera que genera mayor eficiencia” explica la profesora de la UBA.
En Sustentarq SRL también llevan adelante programas de consultoría y diagnóstico de patologías en edificios viejos, que se construyeron de forma correcta pero cuya tecnología ya es muy antigua, y en construcciones nuevas que no tuvieron una visión sustentable. “Hay muchas cosas que se pueden hacer, desde cambiar las ventanas, poner aislaciones, mejorar el sistema de aire acondicionado o calefacción que en general son deficientes o ver que se hace con todo el agua desperdiciada. Hay mucho para hacer en cuanto a esto, y es la clave para transformar las ciudades”.
Un híbrido en constante evolución
Luciano Intile expone la visión de su estudio: “Buscamos transpolar nociones de la arquitectura sustentable y sumarlas a la arquitectura más tradicional, el resultado es un híbrido: una arquitectura que a simple vista es contemporánea pero que en realidad aplica también otras nociones más antiguas, como la de los pueblos originarios”, y da un ejemplo perfecto.
“Estamos construyendo una casa en Córdoba que parece completamente contemporánea, pero está construida con adobe y madera de la zona, además los contratos de trabajo que realizamos tienden a una reforma social, es un todo: quiénes lo construyen, cómo lo construyen, con qué intención. La arquitectura sustentable es parte de todo el proyecto de gestión”.
Desde intile&rogers Arquitectura plantean que ciertas arquitecturas contemporáneas son más eficientes que teorías anteriores, y que la verdadera evolución está en poder conjugar ambas. “El desafío de nuestra época es integrar esos dos saberes, no seguir entre blancos y negros como extremos sino entender que hay un montón de mundos posibles entre medio”, destaca Andrés Rogers.
Dos fuerzas en tensión permanente
En el mundo de la arquitectura hay dos visiones en tención permanente: una que busca la permanencia en el tiempo y otra que se destaca por el reciclado continuo y por la necesidad del uso inmediato. “La Ciudad de Buenos Aires desde hace 15 años viene en un proceso de renovación casi permanente en términos habitacionales, por un lado es una cuestión de mercado y por el otro de necesidad. Un porcentaje muy alto de viviendas se demolieron y se volvieron a construir, porque hay un canon estilístico nuevo que no se corresponde con el anterior, lo mismo pasa con el canon tecnológico. La pregunta es: ¿Para qué hacemos edificios que duran 100 años si cada 30 los renovamos por una cuestión de estilo y tecnología? En ese sentido es más ecológico lo que hace el pájaro: construye un nido, lo habita junto a sus crías, y una vez que aprenden a volar, el nido vuelve a la tierra” explican ambos.
No queda duda que la arquitectura sustentable busca e intenta involucrar al ser humano en los procesos de construcción desde otros valores, construyendo una sociedad más equitativa, justa, con cierta planificación que tiende a la intervención con la menor cantidad de consecuencias posibles. La duda que aún queda es porqué no todo el mundo la aplica.
Ecoportal.net
Nosotros, los abajo firmantes, miembros de la Campaña Global Desmantelemos el Poder de las Corporaciones y Paremos su Impunidad compartimos la preocupación expresada por muchas organizaciones y movimientos sociales sobre la disolución de Fundación Pachamama, y urgimos al Presidente Correa y al Estado del Ecuador a reconsiderar su decisión, así como considerar rever el Decreto 16 que justifica tal decisión.
En 2012, un equipo científico liderado por Gilles-Éric Séralini publicó un artículo mostrando que ratas de laboratorio alimentadas con maíz transgénico de Monsanto, durante toda su vida, desarrollaron cáncer en 60-70 por ciento (contra 20-30 por ciento en el grupo de control), además de problemas hepato-renales y muerte prematura. Ahora, la revista que lo publicó se «retractó», en otra muestra vergonzosa de corrupción en los ámbitos científicos, ya que las razones esgrimidas no las aplica a estudios iguales de Monsanto. El editor admite que el artículo de Séralini es serio y «no peca de incorrecto», pero que los resultados «no son concluyentes», algo que atañe a gran cantidad de artículos y es parte del proceso de discusión científica.
Te invitamos al evento político cultural que se realizará el Jueves 19 de Diciembre a las 5.00pm frente al Congreso en la Ciudad de Tuxtla Gutierrez.
En 2009, un golpe militar derrocó al presidente de Honduras, Manuel Zelaya y dejó el país impactado con violencia. Desde entonces, las dos ciudades más grandes del país, Tegucigalpa y San Pedro Sula, se han convertido en capitales de la muerte. Los campesinos luchan contra varias corporaciones debido a una iniciativa gubernamental para que empresas privadas y extranjeras exploten el campo. La comunidad de Río Blanco, donde una compañía del gobierno chino y un despacho hondureño están intentando construir una planta hidroeléctrica, ha abanderado una emblemática pelea por la tierra en Honduras, conflicto que ya ha cobrado vidas.
Ella traía puestos unos aretes de plata en forma de pájaros y una playera con un símbolo feminista y la palabra RESISTIREMOS. El hombre que nos condujo al funeral nos advirtió acerca de una “mujer peligrosa” que estaba amenazando a la comunidad. Se refería a Bertha.
En la décima carta a las izquierdas afirmé que al inicio del tercer milenio las izquierdas se debaten entre dos desafíos principales: la relación entre democracia y capitalismo; y el crecimiento económico infinito (capitalista o socialista) como indicador básico de desarrollo y progreso. En este texto voy a centrarme en el segundo desafío.


Más de 40 comunidades de los municipios de Tapachula, Motozintla, Huehuetán, Cacahoatán, Tuzantán, Mazapa de Madero, Chicomuselo y Comalapa en el estado de Chiapas, que están viendo amenazados su territorio y sus ríos por diversos proyectos de represas, hidroeléctricas y explotación minera, han decidido movilizarse conjuntamente este 10 de diciembre del 2013 en la ciudad de Tapachula, Chiapas, para que sus representantes comunitarios ratifiquen ahora, en un acta conjunta, que declaran sus ríos y territorios libres de represas y minas, exigiéndole a los tres niveles de gobierno el respeto a su decisión y a La Voz del Pueblo.
En 1995, cinco mil indígenas u’wa amenazaron con un suicidio colectivo si las petroleras Oxy y Shell entraban en sus territorios. Era una forma de decir que la explotación petrolera equivalía a la muerte de su pueblo. Dos años después, la Corte Constitucional colombiana les daba la razón. Las petroleras tuvieron que retirarse.
En los últimos años, Perú y Guatemala se han sumado al club de países convulsionados por manifestaciones y cortes de carreteras. En Perú, desde 2009, las luchas de las comunidades de la sierra y la costa han conseguido paralizar decenas de emprendimientos mineros transnacionales. En Guatemala, desde 2005, se han realizado 74 consultas para impedir megaproyectos, principalmente hidroeléctricas y minas a cielo abierto. Este proceso, además, está ayudando a reparar el tejido social destruido por el conflicto armado (1960-1996), afirma Claudia Samayoa, destacada defensora de derechos humanos. Según Samayoa, gracias a las consultas, se está empezando a “superar el miedo”. Para la líder maya kakchiquel Rosalina Tuyuc, se trata de un proceso muy “novedoso porque ya no son las organizaciones las que abanderan estas luchas, sino las comunidades”.