Adicción a la ‘coca-cola’ en el México indígena

David Marcial Pérez. San José del Rincón (Estado de México) elpais.es

Una alarmante epidemia de sobrepeso y obesidad esta causando enfermedades graves en las poblaciones indígenas. Los causantes son las grandes refresqueras como Coca Cola-Femsa y Pepsi-Pesico con sus productos chatarra.

Guadalupe Sánchez tiene las manos agrietadas de un campesino del maíz y la sangre limpia de azúcar de un ex adicto a la coca-cola

“Yo tomaba unas tres botellas de litro al día. Nada más me despertaba, con las tortillas me tomaba el primer vasito y así seguía por la tarde y por la noche”, dice mientras un remolino de pavos con el gaznate colorado picotea la tierra a la puerta de su casa. La levantó él mismo para su familia: esposa, ocho hijos y siete nietos. Las paredes son de cemento gris y tiene el tejado sin terminar.

— ¿Cómo se sentía bebiendo tanto refresco?

— Tenía mucha flojera. Casi no podía ir a trabajar. Con el calor del campo, pues bebía más coca. Pero empecé a notar que perdía vista y la lengua como que se me iba pa delante.

— ¿Y cómo consiguió dejarlo?

— Es difícil porque todo el mundo te invita. Cuando vas a visitar a alguien te dan un vasito y está feo rechazarlo. Pero el médico me dijo que lo tenía que dejar y me dio unas pastillas. Yo además empecé a masticar una hierba que nosotros llamamos Hoja de burro, que ayuda a no tomar.

En la comunidad indígena mazahua de San José del Rincón, un pueblo boscoso y húmedo al oeste del Estado de México, hay casas donde no llega el suministro de agua potable, pero en la mesa está fija la botella roja de refresco. A los 47 años, Sánchez ha llegado a tener un nivel 200 de glucosa en sangre: el doble del umbral de riesgo y algo muy frecuente entre sus vecinos.

“Es como un veneno, nos hace mucho daño”, dice Leticia Cruz, 41 años, que vuelve de dar un paseo con sus tres nietos. “Cuando me quedo con ellos porque su mamá sale a trabajar, está prohibida la coca-cola”. Uno de los críos mira a su abuela desde abajo y descascarilla con los dientes una vaina de haba que ha arrancado por el camino.

Desde el Tec de Monterrey, una de las universidades más caras y prestigiosas del país, un grupo de estudiantes de la carrera de Nutrición lleva todo el mes de septiembre visitando la comunidad. Los dedos de José Polo, 18 años, también son ásperos y rugosos de descargar camiones y colocar estanterías en el mercado. Nunca se los habían pinchado para sacarle sangre. Los chicos del Tec tampoco habían agujereado antes una piel tan rocosa. Cambio de aguja. Hace falta otra más afilada. José Polo ha dado 150 de azúcar en sangre.

“Nos estamos encontrando con fuertes niveles de hiperglucemia. Esto es un fiel reflejo de alto consumo de bebidas azucaradas y comida procesada, carente de los nutrientes necesarios”, apunta Yaremi Gutierrez, la profesora que está dirigiendo las visitas. Los mazahuas del Estado de México están abandonando su dieta milenaria basada en legumbres, verduras y hortalizas para pasarse cada vez más a la chatarra. El maridaje entre pobreza, exclusión y comida basura es letal: “Sobre todo en niños, estamos encontrando también lo que se conoce como la doble carga de la enfermedad: desnutrición y sobrepeso”

México vive una epidemia de grasa y azúcar. Siete de cada 10 adultos tiene sobrepeso u obesidad, por uno de cada tres niños. Es el segundo país con más exceso de kilos del mundo, solo por detrás de Estados Unidos. Según la OMS, los mexicanos son los que más refrescos consumen 163 litros al año—  y los que más mueren por diabetes en toda Latinoamérica.

“La diabetes antes era una enfermedad rara que afectaba sobre todo a la población con predisposición genética y edad madura. En los últimos 30 años ha habido una explosión brutal de tal manera que en los últimos seis años medio millón de mexicanos murieron a causa de la diabetes”, apunta el doctor del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, Abelardo Ávila. “En este panorama, la población indígena es la más vulnerable y registra unas tasas más altas —continúa Ávila—. Antes la pobreza les protegía porque les obligaba a alimentarse del campo. A partir de 2010 empieza una expansión de las refresqueras, una estrategia de invadir de refrigeradores las comunidades con electricidad y de favorecer las trasferencias de ayudas públicas al consumo de estos alimentos”

En las tiendas de abarrotes que tapizan las carreteras del pueblo, el litro de leche, -cuando hay- cuesta 16 pesos, la botella de tres litros de coca-cola, 35 y la de refresco sin marca, 20. La diabetes puede además desencadenar toda una serie de trastornos como la ceguera –retinopatía diabética–, la insuficiencia renal o el llamado pie de elefante: la glucosa adormece los nervios y uno va perdiendo la sensibilidad en las articulaciones. Esta última derivada se ha traducido en 75.000 amputaciones el año pasado según la asociación El Poder del consumidor.

“Los más grave es que la diabetes es una enfermedad controlable, pero al carecer de acceso a los servicios, esta población está muy expuesta”, añade la profesora del Tec. Un grupo de mujeres ha bajado andando por una colina desde su comunidad hasta el único ambulatorio. Una hora de caminata. El médico no está. Para el hospital más cercano queda otra hora en coche. La diálisis, el tratamiento para la diabetes, no está cubierta por el seguro popular, la asistencia pública para los trabajadores informales como los campesinos. Cada sesión vale entre 2000 y 6000 pesos.

Ildefonso Álvarez lleva dos años trabajando al frente de su asociación, Concreta, con las comunidades: “Aquí llega más fácil la coca-cola que los servicios médicos, de agua potable o de salubridad”. El relator de la ONU sobre el derecho a la alimentación ha llegado a hablar de una cocacolización de los hábitos de consumo en México. “Para 2017, el sistema público necesitará para tratar la diabetes 5.600 millones de dólares al año. Este es el resultado de unas políticas públicas que no han tomado en cuenta la dimensión del grave problema”, dijo Oliver de Schutter en una reciente documental producido por organizaciones civiles en México.

El Gobierno implementó el año pasado una tasa especial sobre las bebidas azucaradas siguiendo el ejemplo de otros países. De momento, ha crecido la recaudación, pero el consumo apenas baja. 

En casa de Tomasa Rodriguez e Hilario Cruz no hay agua potable. Son cuatro y compran una garrafa de 20 litros en la tienda cada semana. Llevan años pidiendo al alcalde un pozo, como el que tienen otras comunidades de la zonas. Cruz acaba de salir hace poco del hospital. “Me encontraba muy pesado, casi no podía comer”. Sí bebía refresco, “y cerveza y pulque”, añade su esposa. Tuvieron que hacerle un lavado intestinal por un estreñimiento severo. Le han prohibido los refrescos y el alcohol. Ahora sólo toma agua y Hoja de Burro. En infusión o cruda, el amargor que inunda toda la boca al tomarla es más efectivo que la criptonita.

 

Las etnias de Chiapas casi sin agua pero ahogadas en Coca-Cola

Por Marco Appel, Revista Proceso

Un documental francés, Coca-Cola, la fórmula secreta, transmitido por la televisión de Bélgica hace tres años, molestó enormemente a esa compañía refresquera, la cual incluso se quejó ante el consejo deontológico de la prensa belga. El documental relata las peripecias de una reportera francesa para conocer la receta precisa del refresco. Y entre sus descubrimientos está que uno de los ingredientes principales… es agua. En grandes cantidades. Tres litros del líquido se necesitan para elaborar uno de la bebida azucarada. Y uno de los sitios donde la multinacional obtiene esa materia prima, casi gratis y a costa del desabasto de la población local, es Chiapas.

BRUSELAS (Proceso).- Coca-Cola: la fórmula secreta es el título de un documental que relata las vicisitudes de la periodista francesa Olivia Mokiejewski para conocer los ingredientes con los que se elabora ese refresco, los cuales resguarda la compañía con celo militar.

Uno de esos ingredientes es agua. Por eso una parte del documental está filmado en la zona de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, donde abunda.

La periodista, que viajó a esa localidad, señala que para producir un litro de Coca-Cola son necesarios tres litros de agua.

“Agua no es lo que falta –señala la voz superpuesta de Mokiejewski–. La región es una reserva de México: un paraíso para los fabricantes de refrescos. No es por azar que en los ochenta Coca-Cola decidió instalar una fábrica aquí.”

La periodista entrevista al hidrólogo Antonino García, quien explica que la refresquera se instaló “estratégicamente” en ese sitio para poder sacar directamente agua de los mantos freáticos de San Cristóbal. Afirma que todos los días extrae 750 mil litros, suficientes para abastecer a una población de 10 mil personas diariamente.

–Me imagino que con toda el agua que extrae, Coca-Cola debe pagar muy caro para compensar a toda la región por eso –comenta la joven periodista.

García, riendo, responde que no. Coca-Cola pagó apenas 25 mil euros en 2003, y todo gracias a los favores del entonces presidente Vicente Fox, quien fue presidente de la compañía en México.

Mokiejewski reflexiona: “25 mil euros por centenas de millones de litros de agua: el principal ingrediente de Coca-Cola no le costaría prácticamente nada a la compañía”.

El documental explica que hay cinco comunidades que dependen de los mismos mantos freáticos explotados por la refresquera. Ahí el agua es cada vez más escasa.

Una familia de uno de esos poblados le muestra a la periodista que en ese momento no tienen agua y que cada vez es más frecuente el desabasto. Abren la llave y no sale nada. Deben utilizar agua de lluvia o de pozo, que no es potable y enferma a los niños.

Mokiejewski expone ante la cámara: “Privados de agua en una región en la que sobra, los habitantes contactaron a Coca-Cola. Pero la multinacional asegura que no hay ningún vínculo entre su bombeo intensivo y la escasez de agua. El colmo de la ironía: cuando en el pueblo no hay agua, los niños toman refresco. Es una historia sin fin, una trampa en la que están atrapados los indígenas de Chiapas”, razona Mokiejewski mientras aparece la imagen de un niñito, casi un bebé, tomando refresco de cola de un biberón.

Ese fragmento del reportaje se incluye específicamente en una queja que la empresa Coca-Cola Services Belgique presentó el 22 de mayo pasado ante el Consejo de Deontología Periodística de Bélgica (CDPB) contra la compañía pública Radio Televisión Belga Francófona (RTBF), que transmitió en este país el documental francés.

Este consejo, creado en 2009 y formado por 20 periodistas y editores, recibe quejas y ofrece su opinión sobre casos relacionados con el tratamiento de la información en el conjunto de los medios belgas. Su secretario general, André Linard, comenta a Proceso que esa instancia nunca había recibido una demanda internacional de tal naturaleza.

La refresquera acusó ante el CDPB que la investigación relativa a México contiene “informaciones inexactas”, además de que todo el reportaje muestra “una voluntad manifiesta de destruir la reputación de Coca-Cola”.

El pasado 1 de diciembre, el organismo deontológico publicó sus conclusiones: el documental, sentencia, siguió un método de investigación periodística “correcto” y la periodista que efectuó el trabajo, Olivia Mokiejewski, respetó las pautas éticas profesionales.

El consejo no encontró en el documental violaciones al código deontológico belga ni “fallas de investigación y respeto a la verdad” (artículo 1), ni “ausencia de verificación de las fuentes” (artículo 4) y tampoco “deformación de información o eliminación de informaciones esenciales” (artículo 3).

Documental “correcto”

El documental Coca Cola: la fórmula secreta fue realizado en 2012 por la productora francesa Nilaya y coproducido por France Télévisions, el grupo audiovisual del Estado francés. Está filmado en Francia, Estados Unidos y México y fue transmitido originalmente en el canal de televisión pública France 2 como parte del programa de investigaciones periodísticas Infrarouge. Su duración es de 65 minutos; la parte relativa a México dura 12 minutos.

En Bélgica el documental fue difundido en cuatro ocasiones en el canal Uno de la RTBF en enero de 2013. Antes de la cuarta redifusión, el 13 de mayo de 2015, Coca-Cola refiere que se comunicó con la RTBF para exigirle que rectificara las supuestas informaciones erróneas, lo cual rechazó la televisora.

Una parte importante del reportaje transcurre en Estados Unidos (Atlanta, Nueva York y California), donde por medio de entrevistas con fuentes de primera mano la periodista logra dar con la fórmula secreta de la Coca-Cola. Entre esos componentes hay extracto de hojas de coca (las cuales se importan de Perú y Bolivia y sirven para dar el aroma amargo al refresco); una cantidad de azúcar equivalente a 10 cucharadas soperas por cada lata del producto, y un caramelo químico, el E.150D, que en 2007 se reveló cancerígeno (causa leucemia en animales).

Las autoridades sanitarias de California limitaron el uso del E.150D a 29 microgramos por cada lata de Coca-Cola, señala a la reportera francesa Mike Jacobson, director del Centro de Ciencias de Interés Público californiano. En los documentos que enseña el experto a la cámara se observa que en México se permiten 147 microgramos del químico por lata.

La refresquera asegura que perdió 1 millón 600 mil euros en ventas en Bélgica como resultado de las primeras cuatro transmisiones del documental.

Según consta en la resolución del CDPB, al cual tuvo acceso el corresponsal, la emisora argumentó en su defensa que no había producido el reportaje y, por tanto, no podía responder con detalle sobre cada afirmación precisa del mismo.

Alegó también que “el objetivo del documental nada más es informar” y consideró que “el resultado (informativo) es suficientemente creíble para que France Télévision lo difunda sin modificaciones, a pesar de las críticas”.

La televisora belga puntualiza que durante su investigación Mokiejewski no obtuvo respuestas precisas de la firma cuando la buscó: “Rehusarse a dar entrevistas constituye siempre un riesgo y es muy fácil quejarse después”, reclama la RTBF a Coca-Cola, en cuya demanda también asegura que es mentira que la refresquera se haya negado a responder sus cuestionamientos y que en todo caso “ella no se dirigió a los interlocutores que podían contestarle”.

En el documental la periodista menciona que durante dos meses solicitó entrevistas a dirigentes de la empresa, para lo cual envió 21 correos electrónicos e hizo 12 llamadas telefónicas. En una de ellas se escucha a una persona de prensa de la compañía negarle definitivamente cualquier declaración.

En otra secuencia se ve a Mokiejewski ir a buscar a un domicilio particular en Estados Unidos al presidente y director ejecutivo de la firma, Muhtar Kent. Por el intercomunicador del portón de la casa, ella explica que lleva dos meses pidiendo una entrevista con Kent, pero la persona que la escucha le cuelga groseramente, por lo que sólo deja encima del aparato una hoja con su solicitud de entrevista.

Paraíso refresquero

Otro fragmento rodado en México y que también integra la denuncia de Coca-Cola en Bélgica tiene que ver con el precio del refresco, que se menciona en el documental.

Ese episodio comienza cuando Mokiejewski expone: “Los mexicanos se han convertido en los mayores consumidores de Coca-Cola del mundo. Y en Chiapas se rompen los récords: tres latas diarias por habitante”.

Mientras viajan en una camioneta por un camino local, Marcos Arana, médico y experto en salud pública, comenta a la periodista que en esa región las madres dan de tomar Coca-Cola a sus hijos antes de los dos años de edad, con lo que deforman sus hábitos alimenticios y los vuelven adictos al azúcar.

Arana invita a la periodista a contar las tienditas que venden Coca-Cola: se encontraron 166 en 42 kilómetros que recorrieron.

Las imágenes de jovencitos indígenas reunidos afuera de una de esas tiendas se suceden. Mokiejewski dice: “Un país pintado en rojo y blanco, el modelo económico perfecto para Coca-Cola. Hasta en el pueblo más alejado de Chiapas la multinacional ha puesto en marcha una estrategia imbatible”.

La periodista se refiere al préstamo de refrigeradores exclusivos para los productos de ese fabricante de refrescos, lo cual le platica un tendero a quien entrevista.

Afuera de una tienda hay una especie de cartel, que dan las empresas con las fotografías de diferentes bebidas y sus respectivos precios. Se indica que un litro de Coca-Cola cuesta siete pesos; el de agua, ocho pesos. La botella de tres litros de Coca Cola se vende a 21 pesos. Arana comenta que tres litros de agua deben valer entonces 24 pesos. “El agua es más cara que la Coca-Cola; ese es el problema”, resume la periodista.

Enseguida, con una voz de fondo afirma: “Hoy los indígenas de Chiapas no pueden vivir sin Coca. A tal punto que la marca se ha logrado imponer en la religión y reemplaza el pox, la bebida tradicional, en las ceremonias sagradas”.

La reportera asiste a un rezo familiar en que se pide por la salud de un niño que tiene fiebre. Describe así la escena: “Para satisfacer a los dioses, no hay menos de siete botellas de Coca en ofrenda”.

El patriarca de la familia, un hombre de edad avanzada, afirma muy orgulloso que la bebida ya es parte de la “cultura” de la región, y explica que los eructos que causa ahuyentan a los malos espíritus. Sus dichos son intercalados en el reportaje con imágenes de los miembros de la familia tomando Coca-Cola en pequeños vasos y con una actitud ritual, incluso cerrando los ojos.

El último comentario de Mokiejewski en la parte chiapaneca de su documental es aterrador: “En México, 70% de la población padece sobrepeso u obesidad. Según el Observatorio Mexicano de la Salud en 2020 lo padecerá 100% de la población”.

Caso inédito

Proceso contactó a Mokiejewski, quien dijo no tener conocimiento de la queja de Coca-Cola en Bélgica.

Por su parte, André Linard, secretario general del Consejo de Deontología Periodística de Bélgica, explica: “Nosotros no rehacemos la investigación de la periodista; lo que examinamos es cómo trabajó: si todas las reglas éticas del ejercicio periodístico fueron respetadas. En este caso no vamos a ir a Chiapas para verificar”.

No obstante, durante los ochenta y noventa Linard viajó a Chiapas unas siete u ocho veces para hacer coberturas periodísticas. Estuvo en particular en San Cristóbal, por lo que, dice, “conocía el contexto de la demanda” de Coca-Cola.

Linard no comprende las razones por las cuales Coca-Cola pretendió desacreditar el trabajo periodístico del reportaje francés en Bélgica, pero subraya: “Desde hace seis años de existencia del consejo hemos tratado más de 300 expedientes y no recuerdo la queja de una empresa conocida internacionalmente con relación a una producción de contenido periodístico difundido en Bélgica”.

El fallo del CDPB tiene un carácter moral entre el gremio periodístico; no deriva en sanciones materiales ni multas.

–Si la opinión del consejo hubiera sido contraria a la RTBF, ¿qué hubiera ocurrido? –se le pregunta.

–Una opinión negativa significa que constatamos una falta deontológica, y en ese momento el medio afectado está obligado a informar a su público de nuestra decisión a través de una mención en su sitio de internet. No hay censura: no vamos a prohibir la difusión futura de un reportaje, pero la RTBF hubiera tenido que tomar en cuenta nuestra decisión al plantearse una nueva difusión del documental. El medio es responsable de tomar una decisión al respecto. No tenemos derecho a prohibir la publicación de nada. La libertad de expresión es un derecho fundamental.

La resolución del consejo refiere que en el caso de la información que se maneja en el fragmento mexicano del documental, “la problemática que se aborda genera debates, tanto en lo referente a la cantidad de agua necesaria como a los efectos de la producción chiapaneca sobre las poblaciones locales”.

Y remata: “El tono dominante es crítico, pero eso es legítimo por parte de los medios, ya que son contrapoderes. No porque un reportaje es crítico está tomando partido o es imparcial”.

En Chiapas, la Coca-Cola es Dios

-En San Juan Chamula, el popular refresco se ha integrado totalmente en los ritos religiosos
-El que controla la distribución de la Coca-Cola, tiene el poder en la zona

JAVIER BRANDOLI, Chiapas. El Mundo.

«Yo estaba allí, en el año 1971, cuando el presidente Luis Echeverría Álvarez, promulgó el reparto de tierras y posterior colonización de la Selva Lacandona. Entonces se abrían caminos a machete para poder comunicar a las nuevas poblaciones y cuando se conseguía la proeza el primer camión que entraba era el de la Coca-Cola que entregaba gratis botellas a todos los vecinos», explica a EL MUNDO Pancho Álvarez, escritor maya y uno de los grandes especialistas en todo este universo cultural donde la magia y los sueños se mezclaron con la costumbre.

Algo más de cuatro décadas después el famoso refresco, que el 8 de mayo conmemoró su 129 aniversario, ha conseguido convertirse en sagrado en un pequeño y humilde pueblo de las montañas de Chiapas, San Juan de Chamula. Allí, la Coca-Cola forma parte de sus sincréticos ritos religiosos, donde se venera a santos y vírgenes cristianas bajo ceremonias mayas en las que incluso se practica el chamanismo dentro de la misma iglesia de la población. La Coca-Cola forma parte de las ofrendas.

La bebida estadounidense es hoy de la vida de esta comunidad. «Todo trato religioso, cívico o comercial, lleva aparejada la entrega y bebida de cocacolas», explica Pancho. «Aquí prácticamente sólo vendemos Coca-Cola», confirma Manuel, un joven que trabaja en una tienda que vende bebidas cerca de la Iglesia. Cada botella cuesta ocho pesos (0,45 euros).

Juan Gallo, pintor y humanista tzotzil que vive en la localidad, hace pocos años trajo a una televisión japonesa a la que le explicó que donde él vivía el famoso refresco se había convertido «en agua bendita». Hoy, mientras asiste a la ceremonia en la que un nuevo mayordomo (cargo religioso tzotzil) ocupará su hasta ahora puesto en la jerarquía religiosa y social de Chamula, nos confirma con una sonrisa que «muchos jóvenes quieren modernizar las tradiciones». El refresco forma parte de esa batalla, aunque no siempre son los más viejos sus opositores.

El camino de esa hegemonía no fue fácil. Los chamulas usaban otras bebidas locales, como la cervecita dulce o el chocolate, antes de que desembarcara en aquellos riscos y páramos la flota de camiones de la multinacional estadounidense. «Cuentan que en otro pueblo de la zona unas mujeres envenenaron al obispo cuando les prohibió que siguieran con sus costumbre de tomar chocolate en la misa de las seis junto a sus sirvientes», cuenta el enérgico Pancho, al que se le acumulan las historias, para confirmar lo arraigado de aquellos gustos. «La Coca-Cola lo borró todo».

Hubo hasta una guerra interna con enfrentamientos a pedradas entre los dos grupos hegemónicos que se disputaban el poder del más allá y el más acá. «Los pepsicolos y los cocacolos se enfrentaron y los segundos acabaron haciéndose con el control», recuerda Pancho. Hay cajas y botellas de la marca rival en San Juan de Chamula, pero son antiguas o minoritarias.

No muy lejos, Mariano, de 31 años y miembro del grupo de rock Wootick, dice que «yo he decidido dejar de vender Coca-Cola en mi bar. No nos agrada y no forma parte de nuestra cultura». El joven rockero, amante de Pink Floyd y que toca una guitarra eléctrica, mantiene un complicado discurso reivindicativo: «No nos agrada el sistema occidental, queremos volver a lo nuestro. Tenemos nuestra medicina natural y queremos tener nuestras escuelas. La Coca-Cola es parte ya también de nuestra tradición y parece que todo el pueblo está en deuda con ellos. Tiene mucho azúcar y nos provoca enfermedades que antes no teníamos», sostiene.

Entonces se entra en esa iglesia de San Juan en la que al sacerdote católico sólo le está permitido realizar bautizos y donde el suelo está cubierto de hojas de pino y velas que parecen iluminar y quemar todo, y el mundo parece doblarse en un total imposible. Junto a cientos de velas con la cara de la virgen de Guadalupe y Jesucristo, frente a la mirada de unos santos a los que levantaron el castigo y les vistieron de nuevo con colores cuando de alguna manera se rebajó la pobreza de la ciudad, una chamán sacrifica un gallo que pasa por el cuerpo de un niño al que cura los males del alma. Hay otros cientos de velas más ardiendo en rituales mayas que ponen luz en la oscuridad y en las que los dioses mezclan esencias, ritos y costumbres.

La historia se escucha mientras se contempla alguna botella de Coca-Cola enterrada junto alguna tumba de su original cementerio, al que acuden las familias a comer y charlar con sus muertos, y tras salir de aquel San Juan de Chamula en el que un cartel da a todos los visitantes una bienvenida y un adiós. El cartel dice así: «Bienvenidos a San Juan de Chamula. Destapa la felicidad. Coca-Cola».

«El distribuidor de Coca-Cola tiene el poder»

La venta de Coca-Cola, y el negocio, en los alrededores del pueblo San Juan de Chamula, Chiapas, creció rápido. La distribuidora se instaló a las afueras de la cercana San Cristóbal de las Casas y en este empobrecido mundo se creó una nueva aristocracia que eran los señores de la Coca-Cola. «En San Juan de Chamula el presidente municipal ha sido en muchos casos el presidente de la distribuidora o alguien próximo a él», afirman algunos vecinos que asisten con sus vestimentan chamulas a la denominada fiesta de la cruz o de la madre tierra. «Cuando llega el camión de la Coca-Cola y se proclama quien será el distribuidor, se otorga el poder», reafirma Pancho, vecino del pueblo.

En India utilizan Coca Cola y Pepsi como pesticidas

diarioecologia.com

Muchos medios aseguran que la Cola Cola y la Pepsi sirven para muchas cosas excepto para beber. Personalmente no tomo ni Coca Cola ni ningún refresco carbonatado y azucarado artificialmente, pero hay muchas personas que continúan bebiendo este tipo de bebidas, sino te convencen los cientos de datos acerca del daño que causan al organismo, que tal enterarte que en algunos paises los utilizan como pesticidas.

Pero veamos, ¿qué son los pesticidas?. Los pesticidas, agroquímicos, o también denominados plaguicidas, son sustancias químicas destinadas a matar, repeler, atraer, regular o interrumpir el crecimiento de seres vivos considerados plagas.

 

Dentro de esta denominación se incluyen insectos, hierbas, pájaros, mamíferos, peces y microbios que compiten con los humanos para conseguir alimento, destruyen las siembras y propagan enfermedades. Los pesticidas pueden ser tóxicos.

Teniendo estos datos claros, vamos a lo que está pasando en India. Los agricultores del estado de Chhattisgarh en la India, están utilizando Coca-Cola y Pepsi como pesticidas ya que es más barata y aparentemente cumple la misma función.

Tanto Pepsi como Coca-Cola se oponen al uso de sus productos como pesticidas, señalando que no hay nada en las bebidas que pueda ser utilizado para el control de pestes. Sin embargo, los agricultores de los estados de Durg, Rajnandgaon y Dhamtari en Chhattisgarh, están completamente en desacuerdo con esa postura, ya que han tenido gran éxito utilizando Pepsi y Coca-Cola para proteger sus plantaciones de arroz contra las pestes. De hecho, Rajnandgaon recientemente batió el récord mundial de la mayor producción de arroz sin uso de OGMs (Organismos Genéticamente Modificados). Si bien usar Coca-Cola como pesticida no es 100% natural ni orgánico, ciertamente es más seguro que usar el veneno tradicional.

Los científicos agrícolas apoyan que esto pudiera ser porque el alto contenido de azúcar de las bebidas pueden hacerlos efectivos en la lucha contra las plagas. “Todo lo que está ocurriendo es que las plantas obtienen un suministro directo de carbohidratos y azúcar que a su vez aumenta la inmunidad de las plantas”,Sanket Thakur, científico agrícola.

Se trata de una tendencia que se ha visto en otras partes de la India, los agricultores también utilizan marcas de la India de colas.

Jamie Oliver, Chiapas y la Revolución

Alejandro Calvillo, Director de El Poder del Consumidor, A.C.
en sinembargo.mx

Estoy con Jamie Olivier frente al gran cartel de Coca Cola que da la bienvenida a Zinacantan. Es la imagen del dorso de una mujer con el bordado tradicional de flores de la comunidad sosteniendo una Coca Cola de medio litro. El cartel tiene las frases “Bienvenido a Zinacantan… Destapa la felicidad” con el gran logo de Coca Cola dominando. Mientras le explico a Jamie, el chef británico que revolucionó la alimentación en las escuelas del Reino Unido sacando la chatarra, que esa publicidad de Coca Cola está diseñada específicamente para esa comunidad, utilizando la imagen de sus bordados tradicionales, se acercan tres niñas de la comunidad, llevando esos bordados.

Las niñas van en 6° de primaria, 1° y 2° de secundaria. Les explico que estamos viendo la publicidad de Coca Cola que da la bienvenida a su pueblo y les pregunto qué piensan de los refrescos, contestan que hacen daño. Les pregunto nuevamente si tienen algún familiar con diabetes y la mayor me dice que sí, su papá. ¿Y qué tiene? le pregunto, “las piernas”, contesta; ¿Qué tiene en las piernas?, “Ya no puede caminar”, ¿tomaba mucho refresco?, “si, tres Cocas al día”. Un litro y medio de refresco al día, 30 cucharadas cafeteras de azúcar, tres veces el máximo tolerable recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), 6 veces más la recomendación ideal que la OMS ha establecido para una mayor protección de la salud. Le preguntamos si hay muchas personas en la comunidad con diabetes y responde que sí, muchas.

En San Juan Chamula entro con Jamie Oliver a una sesión de orientación con mujeres tzotziles que sufren diabetes y en la que reciben orientación sobre los hábitos y cuidados que deben seguir para que esta enfermedad crónica no acabe con sus vidas. De lo primero que se habla es de los refrescos, de la Coca, de la dificultad de dejarla porque está presente en todo lados. Con la  introducción de la Coca Cola la diabetes que era una enfermedad muy poco común en la región y, en general, entre las comunidades indígenas, se convirtió en una epidemia.

Unos meses antes, con el Dr. Marcos Arana que lleva más de 20 años en Chiapas, fui a visitar a una familia tzotzil que vive a las afueras de la cabecera municipal de San Juan Chamula. Platicamos con uno de sus vecinos, Don Roberto que había sufrido unas semanas antes una amputación debido a la diabetes. Al terminar la sesión de orientación frente a la diabetes, le pregunto al Dr. Arana sobre Don Roberto, me comenta que ya murió, que los visitó en sus últimos días y que aunque decía que había dejado el refresco, al lado de su cama tenía una Coca. Murió por diabetes como Don Gonzalo protagonista de nuestro documental “Dulce Agonía” y como muchos otros que hemos conocido y que son parte de esas 80 mil personas que mueren al año por diabetes en nuestro país.

Oliver está presente en México, el país al cual se refirió el entonces  Relator Especial de Naciones Unidas por el Derecho a la Alimentación, Olivier de Schutter, como un país Cocacolinizado, recomendando establecer un impuesto a estas bebidas. El chef británico que ha lanzado una cruzada internacional por la salud alimentaria, que ha cocinado para el Grupo de los 20 ministros y presidentes con mayor poder en el mundo, sabe que hay otros poderes e intereses económicos que están enfermando a la gente. Lo ve en el Reino Unido, lo ha visto en Sudáfrica y de cerca viviendo en comunidades marginales de California, conviviendo con población de origen mexicano.

Oliver ha viajado del Reino Unido a México para constatar el deterioro de los hábitos alimentarios, la catástrofe en salud que vivimos y, en especial, el alto consumo de refrescos. Sabe que este es el país en el que se consumen más estas bebidas y uno de los que presenta los mayores índices de sobrepeso, obesidad y diabetes. Un interés especial para él  lo tiene el impuesto que se ha establecido en nuestro país a estas bebidas, una medida que especialistas e interesados en la salud alimentaria están proponiendo a lo largo y ancho del mundo. Viene en medio del lanzamiento de su campaña “Food Revolution” en la que nos está invitando a firmar en http://chn.ge/1DZgcoQ para demandar a los gobiernos alimentos frescos y saludables en las escuelas, a la vez de que se eduque en los planteles sobre los alimentos, que se eduque a los niños para que al salir de la primaria sepan, al menos, cocinar 10 platillos. 5 países ya se han comprometido a cumplir estas recomendaciones.

El viernes 24, Jamie Oliver se sumó al lanzamiento de la campaña “Proyecto Pozol: más sanos comiendo como mexicanos” en San Juan Chamula, una iniciativa para revalorar las bebidas tradicionales frente al alto consumo de refrescos. El Pozol es una bebida tradicional en base al maíz, una bebida nutritiva con muchas propiedades que ha sido abandonada. Jamie Oliver comentó a los presentes: “México no necesita mirar hacia ningún otro lado para resolver el gran problema de obesidad y diabetes que padece, la solución está aquí mismo y es la comida tradicional”, fascinado por la muestra de bebidas tradicionales.

La iniciativa del Proyecto Pozol fue lanzada por el Dr. Marcos Arana Cedeño del Centro de Capacitación en Ecología y Salud de Chiapas y por Yatiziri Zepeda de Proyecto Alimente. Yatziri señaló que: “El pozol, así como los cientos de platillos en los que está presente el maíz criollo y la gran variedad de quelites, insectos, leguminosas, chiles, cactus, frutos, y bebidas fermentadas han sido desplazados en las comunidades originarias y en las grandes urbes por sopas maruchan, papitas, galletitas, refrescos y cualquier cantidad de comestibles ultraprocesados con cero nutrientes y niveles elevados de azúcar, sal y grasa. Los mexicanos ya no comemos como mexicanos y eso nos tiene enfermos”.

El Dr. Marcos Arana agregó: “Un análisis recientemente realizado por el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán señala que el pozol blanco contiene un 5% de proteínas, es una importante fuente de fibra comestible y a pesar de que tiene un 33% de hidratos de carbono, éstos son compuestos complejos que a diferencia del contenido de azúcar de los refrescos, no provocan la misma elevación violenta del nivel de glucosa en la sangre, es una excelente alternativa”.

Mientras se lanzaba la iniciativa ciudadana para enfrentar una de los mayores problemas de salud entre la población chiapaneca, que lleva a miles y decenas de miles de muertes, amputaciones y ceguera por diabetes, sin apoyo del gobierno estatal; se realizaba la boda del gobernador Manuel Velasco y la cantante Anahi. Boda para la cual se invirtieron recursos del Estado para remodelar la catedral de San Cristóbal de las Casas y se llevaron mujeres indígenas para posar con sus bordados tradicionales como telón de fondo en las fotos del nuevo matrimonio telenovelesco: el mirrey Velasco vestido de charro y su esposa Anahí.

De regreso a la ciudad, transito por la carretera de Tuxtla al aeropuerto. En mi vida he visto una inversión semejante, cada 40 metros a los largo de decenas de kilómetros, una luminaria. Las barreras de contención de la carretera que empiezan decenas de metros antes de las curvas están construidas con tubos de acero de muy alto calibre. En curvas, las barreras de contención deben ser flexible para lograr reintegrar a los vehículos. Aquí no lo son, se eligió lo más caro a pesar de que esto pueda representar también vidas perdidas. Algo más que nunca había visto en mi país: la mayor parte de la carretera tiene banqueta y acera adoquinada.

Sin duda, la revolución de la alimentación en nuestro país requiere otra más que nos libere de los políticos y mirreyes, que ponga como autoridad a personas comprometidas y con equipos profesionales al servicio del interés público.

Como decía Tere que decía su tía: “Con pendejos ni a bañar porque pierden el jabón”, y peor si son corruptos.

Por lo pronto, con Jamie Oliver y la Food Revolution, con Marcos y Yatziri en el Proyecto Pozol

La Coca-Colización de México, la chispa de la obesidad

La “Coca-Colización” de México, la chispa de la obesidad

María Verza · Periodismo Humano

-México es el país que más refrescos por persona consume del mundo y Chiapas uno de los lugares donde más se bebe de México y donde conviven problemas de desnutrición y obesidad
-Si no se hace nada, con el 70% de los mexicanos con sobrepeso, el 30% obesos, y la diabetes como primera causa de muerte, el sistema sanitario mexicano colapsará en 2020, alertan los expertos.
-¿Esperanzas? Que el Congreso apruebe la iniciativa avalada por la ONU y 47 organizaciones para aumentar los impuestos de las refresqueras y que la “Cruzada contra el hambre” que inicia ahora el PRI tenga en cuenta el problema.

zinacantanEs día de fiesta en los Altos de Chiapas, la sierra que rodea San Cristóbal de las Casas. La escuela de San Pedro Chenalhó es el epicentro de las actividades porque tiene un amplio gimnasio que se reconvierte en salón de usos múltiples. Da igual cuál sea la celebración, cuál sea el pueblo, la escena se repite invariable. Lo primero que llama la atención es la cantidad de cajas de Coca-Cola se apilan en la puerta. Son las diez de la mañana. El público se acomoda con tiempo, para coger buenos sitios y ver las actuaciones de sus niños. Varios voluntarios van destapando y ofreciendo el refresco, que en esta zona suele ser de mayor tamaño que en la ciudad. Cortesía municipal. Todos cogen uno. El único requisito es poder con la botella de medio litro que, a veces, parece más grande que los niños que la sostienen. Claro que si no, hay otra opción: las propias mamás se las sostienen o echan su contenido en los biberones, para que sea más fácil.

En eso unos pequeños llegan hasta el centro de la cancha. Su referencia es situarse donde está dibujada la marca de la refresquera y bailar alrededor del círculo. Si un extraterrestre llegara en ese momento seguro que pensaría que Coca-cola era algo terriblemente importante para los terrícolas. Entre actuación y actuación, una señora ofrece unas galletas para acompañar. Todos están contentos. Los niños lo están haciendo muy bien y ese día se ahorran el almuerzo, algo importante en una región donde la pobreza afecta a ocho de cada diez personas y la desnutrición y el hambre a tres de cada diez.

La escuela de San Pedro Chenalhó está en la carretera que une San Cristóbal de las Casas con Pantelhó (a poco más de 60 km de la ciudad colonial). Durante el trayecto, los colores blanco y rojo destacan entre el verde de la sierra. Casi todas las tiendas –cuando no simples casas- están decoradas en esos tonos porque así les sale gratis la pintura. Coca-Cola Femsa (la filial mexicana que es la mayor embotelladora de Coca-Cola del mundo, con 2.600 millones de cajas en el año 2011 y da servicio a toda América Latina) sabe que estas zonas indígenas y empobrecidas son un importante mercado y por eso opta por anuncios en las lenguas autóctonas y ha convertido los tradiciones letreros que dan la bienvenida a una localidad en grandes carteles publicitarios.

La estrategia viene de lejos. Como explica el antropólogo social Jaime Page Pliego, en una investigación a punto de publicarse en la revista Liminar , las refresqueras buscaron a los caciques locales, indígenas que el PRI había promovido y que se encargaban de la producción de pox (una especie de aguardiente de la caña de azúcar que se usa para ceremoniales mayas) y les dieron las concesiones de Coca-Cola o de Pepsi. Pronto se hicieron ricos. Page Pliego pone el ejemplo de la familia López Tuxum de San Juan Chamula (un pueblo hoy conocido por su iglesia de gran sincretismo donde frente a los altares de diferentes vírgenes o santos se hacen ceremonias mayas) a quienes en 1962 les ofrecieron la concesión de ambas refresqueras (luego las dos querían exclusividad y ganó Coca-Cola). Los López Tuxum se establecieron como usureros, controlaban los transportes y fueron traspasando el negocio de padres a hijos. “El prestigio social que dio ofrecer en Chamula Coca-Cola y Pepsi, pero principalmente el primero, en festejos familiares, fiestas patronales, se extendió por todos los Altos de Chiapas”, escribe Page.

Estos refrescos se fueron convirtiendo poco a poco en un eje importante de las comunidades de los Altos. Hoy, no sólo son una bebida, sino casi una moneda con la que se pagan deudas o dotes y un elemento de ceremonias prehispánicas y rituales religiosos, en parte porque las iglesias evangélicas que han proliferado por la zona han alentado a los indígenas a sustituir el pox (que es una bebida alcohólica) por la Coca-Cola o similar.

DE 2 A 5 L. POR PERSONA AL DIA

México es el país que más refrescos consume del mundo (y los de Coca-Cola-Femsa son los líderes). En algunos pueblos del desierto de Sonora (norte del país), cuando el calor aprieta, una persona puede llegar a beber al día cinco litros de Coca-cola, según los datos de Page Pliego. La media del país, de acuerdo a su investigación, se sitúa en 0,4 litros diarios por mexicano, una cifra que en Chiapas se multiplica. En los Altos, cada habitante se bebe 2,25 litros de refresco al día. De ahí que en la zona sean habituales envases extra-grandes no comercializados en todos los lugares.

La planta de Coca-Cola Femsa de San Cristóbal de las Casas es, además, una de las dos más grandes de México (la otra está en Tlaxcala, cercana a la capital), con acceso al agua garantizado pues está ubicada en las faldas del Huitepec (conocido como el “volcán de agua”). Según Page Pliego, además del pozo actual (con el que se embotella para suministrar a todo Chiapas y parte de Oaxaca y Tabasco) se está construyendo otro. Diversas organizaciones han denunciado acuerdos entre la compañía y las autoridades para acceder al agua a muy bajo costo, en un estado donde la disposición de este elemento provoca grandes litigios entre comunidades.

Chiapas es, por tanto, el mejor ejemplo de lo que se ha dado en llamar “coca-colización”, la invasión de los refrescos que, si no es la única causa de lo que los expertos califican como “nueva guerra del siglo XXI”, la epidemia de obesidad, sí es uno de los principales motivos de que en México, según los estudios de todos los expertos, el 70% de la población tenga sobrepeso y el 30 por ciento sean obesos.

Pero para el relator para la alimentación de Naciones Unidas Olivier de Schutter el punto de inflexión que marca un cambio en los hábitos alimenticios mexicanos y, por tanto, un incremento del consumo de azúcares y grasas procesadas, es la entrada en vigor el 1 de enero de 1994 del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica. La importación de alimentos se multiplicó y, en solo una década, se duplicó el consumo de Coca-Cola entre niños, según datos de Schutter.

REFRESCOS + DESNUTRICION = ¡ALARMA!

cocacolaEn Chiapas, además, se da una combinación explosiva: alto consumo de refrescos y altos niveles de desnutrición. “La mayoría de los adultos mexicanos actuales fueron niños desnutridos con lo que su cuerpo se programa para la escasez y cuando de repente hay un exceso de azúcar el daño metabólico es terrible”, explica el doctor Abelardo Ávila, investigador del Instituto Nacional de Salud y Nutrición. Las consecuencias van de la diabetes a infartos, ceguera, amputaciones, reducción de la capacidad laboral…

Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012 la diabetes es la primera causa de muerte en el país y se estima que afecta a 13 millones de personas aunque solo la mitad están diagnosticadas y en tratamiento. Este mismo documento considera que el 70% de los hogares manifiestan algún grado de inseguridad alimentaria.

La nutricionista Marisol Vega sabe qué significa la combinación de estos elementos. Lleva más de diez años trabajando en varias comunidades de los Altos de Chiapas en proyectos de universidades u ONGs y ha visto “cómo se ha ido abandonando la dieta tradicional y se ha sustituido por refrescos y comida chatarra que es muy barata y exige menos esfuerzo de preparación”.

“Por diez pesos (medio euro) compran una botella grande de refresco para el desayuno y entre toda la familia se la beben, luego otra para el almuerzo y puede que hasta otra para la cena, porque es barato (más que el agua embotellada) sacia, sobre todo unido a las tortillas, y, además, da prestigio social”, añade Vega. La investigadora advierte del peligro que esto supone en unas comunidades donde existe una desnutrición histórica heredada, se está abandonando muy pronto la lactancia y el refresco llega incluso a los bebés. El resultado es que en una misma familia hay niños desnutridos y adultos obesos y los índices de diabetes se han disparado pero alerta de que los problemas se multiplicarán en el futuro.

MÁS BARATO Y ACCESIBLE QUE EL AGUA

“Muchas escuelas, pero no sólo en Chiapas o Yucatán, donde el problema es más visible, sino en el Estado de México (la periferia de la capital) no tienen agua potable y los niños se hidratan con refresco, ese es un problema terrible”, subraya el doctor Abelardo Ávila. “He visto a madres que incluso llenan los biberones con Coca-cola”, añade. Además, los centros escolares se han convertido en un “paraíso de la comida chatarra” aunque su venta ya se haya prohibido. Y no hay nada más que ir a la puerta de un colegio para observar que lo que antes se vendía dentro del recinto ahora se vende justo fuera. “Sí, durante unos meses no pudimos vender –dice la señora Juana mientras carga su pequeño carrito con golosinas en una céntrica escuela del DF- pero ahora no hay problema”.

A juicio de todos los expertos, aunque en algunos lugares, como la capital, se han puesto en marcha diversos programas nutricionales y anti-obesidad, en general el Estado no ha hecho lo suficiente para contrarrestar la epidemia de sobrepeso y las enfermedades asociadas a este problema que, con la diabetes a la cabeza, han crecido tanto que “de seguir la tendencia actual para 2020 el daño financiero y de salud para México será insostenible, una catástrofe”, pronostica el doctor Ávila.

“Coca-Cola y el resto de refresqueras han hecho lo que el gobierno les ha dejado hacer”, denuncia, por su parte, el director de la ONG El Poder del Consumidor , Alejandro Calvillo. Su colectivo ha denunciado en diversas ocasiones la excesiva permisividad de las autoridades para la expansión de las industrias del sector con costes e impuestos muy bajos e incluso con prácticas desleales. “Pudimos demostrar acuerdos de Coca-cola con directores de escuelas de Chiapas para que les permitieran la venta en exclusividad en los recintos escolares y les pagaban en botellas que ellos podían revender para su beneficio personal”. Calvillo recuerda, además, que la relación de esta compañía con el poder es muy fuerte. “Basta recordar que hace poco tiempo, de 2000 a 2006, México tuvo un presidente que fue director de Coca Cola (Vicente Fox)”.

Las exigencias de las organizaciones civiles y de la propia ONU para paliar el problema son las mismas desde hace años y van en dos direcciones: prohibir la publicidad dirigida a menores de refrescos y comida chatarra y elevar los impuestos a la industria. Pero las compañías del sector, muy poderosas y con doble moral (algunas, por ejemplo, apoyan programas nutricionales desarrollados por ONGs), han logrado esquivar las medidas comprometiéndose a la autorregulación y con el argumento de que el problema no son los refrescos o ciertas comidas sino los hábitos de nutrición, como explica Jaime Zabludovsky, presidente de ConMéxico, patronal del sector.

En el próximo periodo de sesiones, el Congreso Mexicano volverá a debatir la petición de 47 organizaciones  de elevar los impuestos a las refresqueras e intentar contrarrestar así el consumo de bebidas azucaradas pero estos colectivos saben que también será necesario invertir en educación nutricional tanto en las áreas rurales como urbanas y en la recuperación de la dieta tradicional con productos cultivados en la propia comunidad cuando sea posible.

El relator de la ONU coincide en este diagnóstico. México debe “estudiar la posibilidad de imponer impuestos para desalentar las dietas ricas en energía, en particular el consumo de refrescos”, decía Schutter el pasado mes de marzo. También debería “conceder subvenciones a las comunidades pobres para que puedan acceder al agua, la fruta y las verduras” y trabajar para que sus “políticas agrarias y comerciales” tengan un buen efecto en la dieta de la población, es decir, apoyen la producción propia en las comunidades rurales en lugar de las importaciones.

Este debería ser uno de los objetivos básicos, coinciden los expertos, de la “Cruzada contra el Hambre” que justo ahora lanza el gobierno del priísta Enrique Peña Nieto, con 30.000 millones de pesos (unos 1.800 milllones de euros) y que se centrará en 400 municipios del país de alta marginación.

VIDEO:

La «Coca-Colización» de México

http://youtu.be/cH5SeWZCEqU

 

Bolivia expulsa de su territorio a Coca Cola a partir del próximo 21 de diciembre

El canciller boliviano anunció el fin de la Coca Cola en Bolivia a partir del 21 de diciembre de 2012, día en que muchos celebraran el supuesto fin del calendario maya.

cocacolaEn una decision con rasgos evidentemente mediáticos, pero que no por ello es menos admirable, Coca Cola será expulsada de Bolivia a partir del próximo 21 de diciembre de 2012. De acuerdo con el ministro de Exteriores boliviano, David Choquehuanca, esta determinación estará en sintonía con el “fin” del calendario maya, y será parte de los festejos para celebrar el fin del capitalismo y el comienzo de “la cultura de la vida”. La fiesta se llevara a cabo el día del solsticio de verano (en el hemisferio sur) en la Isla del Sol, ubicada en el lago Titicaca.

“El 21 de diciembre de 2012 es el fin de egoísmo, de la división. El 21 diciembre tiene que ser el fin de la Coca Cola, y el comienzo del mocochinche (refresco de durazno)”, dijo Choquehuanca en un acto junto al mandatario Evo Morales.  ”Los planetas se alinean después de 26.000 años […] es el fin del capitalismo y el comienzo del comunitarismo” agregó.

Si bien esta medida busca atraer los reflectores hacia un gobierno boliviano que ha recibido múltiples críticas desde diversas trincheras, lo cierto es que simbólicamente es un acto interesante, mientras que en la práctica podría traducirse en un aliciente para mejorar las condiciones de salud entre los habitantes del país. Recordemos que la Coca Cola, así como la mayoría de los refrescos industriales, contiene diversas sustancias que han probado ser perjudiciales para el cuerpo, y cuyo consumo periódico se asocia incluso a infartos cardiacos y derrames cerebrales.  Habrá que esperar a ver si las palabras del ministro Choquehuanca pueden ser tomadas al pie de la letra, o son sólo uno deseo metafórico del fin del capitalismo que no logrará materializarse.

Fuente: http://pijamasurf.com/2012/07/bolivia-expulsa-de-su-territorio-a-coca-cola-a-partir-del-proximo-21-de-dicembre/

Datos de Coca Cola en San Cristóbal de Las Casas

COCA COLA CHIAPAS, MERMAS DE C02 (2004)
cocacola_MERMAS_DE_CO2.xls

Consumo de agua, de la factoría CocaCola y familias en San Cristóbal de Las Casas:
consumo_de_agua_cocacola.xls

PRODUCCIÓN PROYECTADA EN LÍNEA 1 (RETORNABLES) DE PLANTA SAN CRISTÓBAL, CHIAPAS, MEXICO, PARA EL AÑO 2004
produccion_cocacola_proyectada_2004.xls

PROGRAMA DE LIMPIEZA Y SANEAMIENTO  ANUAL DE TRATAMIENTO DE AGUAS
PLANTA SAN CRISTÓBAL, CHIAPAS, MEXICO:
limpieza_cocacola.xls

Informe de características químicas de agua para uso y consumo humano (Kampe)
Imagen014.jpg
Plomo analizado: Imgen024.jpg

PREPARACIÓN DE COCA-COLA

INGREDIENTES:
Agua
Concentrado (saborizantes, colorantes y conservador)
Azúcar refinada
Bióxido de carbono (CO2)
Botella
Tapa
Etiqueta

PROCESO:
Primero se prepara el jarabe simple mediante la mezcla de azúcar refinada o clarificada (eliminación de color oscuro) y agua purificada. La mezcla se hace en tanques de acero inoxidable en donde se agita constantemente hasta obtener miel de color claro.
Posteriormente se transfiere el jarabe simple a otros tanques de preparación final, en donde se le agregan los contenidos de dos recipientes de concentrado, los cuales contienen los saborizantes, colorantes y el conservador (ácido fosfórico). Se agita constantemente hasta obtener una preparación oscura y espesa, de olor y sabor característicos a Coca-Cola.
En la sala de embotellado se cuenta con un equipo mezclador o mixer, que se encarga de realizar automáticamente la mezcla previamente programada de jarabe terminado, agua purificada y bióxido de carbono a temperaturas bajas, para que el gas se disuelva adecuadamente. Las temperaturas bajas se consiguen a través de sistemas de refrigeración, principalmente a base de amoniaco. La bebida preparada se envía a la máquina llenadora.
Los envases van llegando uno tras otro a la máquina llenadora, de forma cilíndrica, donde un sistema de sofisticados grifos (diferentes para cada formato de envase) les irá introduciendo la bebida a gran velocidad. Todas las máquinas de llenado cuentan con sus correspondientes sistemas de alimentación automática de tapones y tapas.
Después de le da al envase una identidad. Existe un tipo de etiqueta para cada formato de envase. En un lugar visible de éste se imprime un código con la fecha de consumo preferente; el número de planta, la hora, el lote y la línea de producción a la que pertenece. Los envases pasan a la zona de embalaje donde unas máquinas los agrupan y empaquetan de manera automática antes de ser puestos en tarimas.
Finalmente las tarimas de producto son colocadas en el almacén, en espera de ser distribuidas por las rutas foráneas o locales.